¿Cuál es el DÍA de
REPOSO CRISTIANO?

Este folleto no es para la venta.
Es publicado por la Iglesia de Dios
y distribuido gratuitamente como
un servicio educativo para el beneficio de
la humanidad.

Tomado de la edición de 1.962, 1.964, 1.968, 1.970, 1.971, 1.972, 1.973

 

Herbert W. Armstrong
(1.892-1.986)

¿Da igual en qué día de la semana descansamos? ¿Fue dado el Sábado únicamente al pueblo judío mientras que a los cristianos se les ordena guardar el domingo como "día del Señor"?

__ Capítulo Primero __

 

 

¿Tiene ello importancia?


CIERTAMENTE, la mayoría de la gente de profesado cristianismo acepta el domingo como "el día del Señor". Los mahometanos observan el viernes. Algunas religiones no observan ningún día. Y hay quienes insisten que el séptimo día, el sábado, es el que obligatoriamente debemos guardar como día de reposo, y que el no observarlo constituye un pecado cuyo castigo será la muerte eterna. ¡Sin duda esta es una afirmación muy seria! Pocos la toman en serio, mas ello no la desmiente ni borra su gravedad. ¿Ha estudiado usted con seriedad esta cuestión alguna vez? Si alguien me informa que mi casa está en llamas, no voy a reírme y restarle importancia al asunto. Lo examinaría para asegurarme. Si la persona se ha equivocado, por lo menos sabré que mi casa está intacta. Hace muchos años aprendí que es muy peligroso dar las cosas por sentadas descuidadamente. Es más sensato y seguro conocer todos los hechos y después tomar una decisión. Y la vida eterna del hombre es muchísimo más valiosa que su casa. Hoy, pocos saben que la controversia sobre sábado contra domingo fue muy acalorada durante los tres primeros siglos de la era cristiana. Hubo violencia y derramamiento de sangre; millones de personas fueron torturadas y muertas por este asunto. ¿Quién tiene la razón? Y al fin y al cabo, ¿tiene ello alguna importancia?

Los tiempos cambiantes

Hace años, me vi forzado a encarar este dilema. Mi esposa me dijo haber encontrado en la Biblia que los cristianos están obligados a guardar el sábado - desde la puesta del Sol el viernes hasta la puesta del Sol el sábado. La afirmación me saco de quicio - me endureció en extremo. Esto para mí era un exagerado fanatismo. ¡Tenía muchos argumentos en contra! Me vi retado a estudiar el asunto, ¡a examinar todos los hechos! Fui provocado a emprender una investigación seria. No pude pasar por alto el asunto. ¡Tenía que vivir con él! ¡Había invadido mi propio hogar! Cada vez que se plantea este problema vienen a mente otros muchos. ¿No debemos adaptar nuestra religión a los tiempos cambiantes? Después de todo, ¿no se escribió la Biblia hace mas de 1.900 años? ¡Hoy vivimos en un mundo diferente! Ese es un argumento. Sin embargo, ¿tenemos libertad para demostrar por el razonamiento nuestra propia religión? ¿Haremos las decisiones sobre nuestro propio destino, en el juicio final? ¡Quizás sea mejor que busquemos la verdad! Algunos preguntarán: ¿Cómo puede este mundo, tal como está organizado hoy, reposar en el séptimo día, el sábado? Todas las actividades y sistemas de este mundo giran en torno a la observancia del domingo.

Como por ejemplo, "supongamos que nos hallamos de viaje en un barco. ¿Es de esperar que detengan los motores y que el barco suspenda su marcha al anochecer del viernes?" "¿Y los servicios públicos en las grandes ciudades: la electricidad, el agua, el gas? ¿Deben los departamentos de policía cerrar sus puertas y conceder un día de fiesta a los criminales?" "Supongamos que la nación está en guerra. ¿Deben nuestros ejércitos suspender la lucha al caer el Sol el viernes? ¡Quizás el enemigo no lo vea de la misma manera!" "Y además, ¿acaso no se ha perdido el cómputo del tiempo? ¿Cómo podemos saber si el sábado es el mismo día de la semana que fue en la creación o en los tiempos de Moisés?" Algunos dirán, en conclusión: "¿Qué más da, que guardemos uno u otro día, o que no guardemos ninguno?" Estas preguntas y muchas más deben ser contestadas - ¡y lo serán en este libro! En primer lugar, en un mundo donde la cristiandad establecida y organizada guarda el domingo, y donde la mayoría de las personas no observan seriamente ningún día como sagrado, ¿cómo podemos saber la verdad? ¿Existe alguna autoridad suprema con el poder de la vida y la muerte sobre nuestra eternidad, con poder para declarar y hacer valer la verdadera respuesta? ¿Con qué autoridad observan los cristianos el domingo; los mahometanos el viernes; los sabatarios el sábado, y otros, ningún día? ¿Existe alguna autoridad para observar el viernes, el domingo o el sábado?

Está claro que no todos reconocen una misma autoridad. ¡Si no hay un Dios! Permítaseme declarar desde un principio que si no hay un Dios, si se dejara a Dios fuera de este asunto, ¡entonces ¡no veo cómo podría tener importancia alguna! No puedo imaginar cómo, con base en razonamientos puramente humanos y sin tener en cuenta una suprema autoridad, pueda tener importancia alguna el día que guardemos ni el hecho de observarlo o no. ¡Pero el Dios todopoderoso y creador sí existe! Su existencia se comprueba fácilmente. Su poder y su divinidad son claramente visibles en la creación misma. ¿Ha pensado usted alguna vez en ello? Oh, sí, Dios está en el asunto, aunque el hombre no lo quiera reconocer. Ese gran Dios ha puesto en vigor perpetuo leyes invisibles que gobiernan esta misma cuestión. ¡Aquel Dios y aquellas leyes existen, viven y son activos! Y su existencia y sus efectos no dependen del simple hecho de que un solo hombre o toda la humanidad lo reconozcan. ¡Dios todopoderoso posee las llaves de la vida y la muerte! ¡Es Él quien rendirá el fallo final sobre nuestros destinos para la eternidad! Ésta es la razón por la cual esta cuestión sí tiene importancia para nuestro bienestar ahora, y para nuestra eternidad. Así, pues, debemos resolver, de una vez por todas, qué o quién es la autoridad suprema por la cual seremos juzgados. ¿Explica esta autoridad por qué es importante, y cuáles son las consecuencias de la desobediencia o la negligencia? Hace algún tiempo, una autoridad religiosa declaró que buscando en la Biblia desde el Génesis hasta el Apocalipsis, no se hallará una sola línea que autorice la observancia del domingo; que la Biblia manda santificar el séptimo día o sábado, y que toda la autoridad para la observancia del domingo se basa en los edictos del hombre.

Y afirmó que la autoridad de Jesucristo ha sido remplazada por una serie de dirigentes humanos, lo cual sin duda resultará sorprendente para muchos creyentes. Pero, con certeza, ¿cuál es la verdad? ¿Se ha detenido usted alguna vez a comprobar la existencia de Dios? ¿Puede realmente demostrar, con pruebas positivas e irrefutables, que Dios es creador y que Él gobierna como autoridad suprema e infalible sobre toda su obra, sobre el universo entero?Sí, usted lo puede demostrar, ¡siempre que no rehúse aceptar la verdad! Nosotros ofrecemos esa prueba en nuestro folleto gratuito, ¿Existe Dios? Y la Biblia es la Palabra autorizada de Dios, su mensaje inspirado y libro de instrucciones para la humanidad, y la única autoridad infalible por la cual será juzgada la humanidad La Biblia nos dice que Jesucristo es el fundador de la verdadera Iglesia de Dios del Nuevo Testamento.

¿Cuándo estableció Cristo su Iglesia?

Pero, ¿cuándo fundó Cristo o empezó realmente la Iglesia de Dios? ¿Lo hizo siendo aún humano mortal, o después de su resurrección y ascensión al cielo?
Durante su vida humana y mortal Cristo se limitó a enseñar su mensaje - su evangelio. Pero la Iglesia de Dios fue fundada el día de Pentecostés, en el año 31 d.C., - después de que Cristo resucitó, fue glorificado y ascendió al trono de Dios en el cielo.

En el capítulo 16 de Mateo, Jesús acababa de preguntar a sus discípulos quién creían ellos que era Él. Pedro había respondido que Él era el Cristo o el Mesías que había sido profetizado - el Hijo del Dios viviente. A lo cual Jesús había respondido que ningún hombre se lo había revelado, sino su Padre que estaba en los cielos.
Entonces prosiguió Jesús: "Y yo también te digo, que tú eres Pedro [la palabra original de inspiración, en griego, petros, significa una piedra diminuta, una piedrecita] y sobre esta roca [la palabra original de inspiración, en griego, petra, significa roca de gran tamaño o rocosa] edificaré mi iglesia" (Mateo 16.18).

Ahora bien, se afirma que la piedra sobre la cual fue fundada la Iglesia se refiere a Pedro y no a Cristo, pero nótese el verdadero significado, escrito originalmente por Mateo. Mateo escribió en el idioma griego. Entonces no existía el español. Las versiones de la Biblia en español son traducciones de la lengua griega original.
A Pedro también se le llamaba Cefas (del griego kéfas, del arameo kéfa). En Juan 1.40-42 se relata cómo Andrés, hermano de Simón Pedro, encontró a éste y lo llevó ante Jesús. "Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir piedra)", (versículo 42). El vocablo en español "piedra" viene del griego petros, que significa una piedra diminuta. También la voz griega kéfas significa lo mismo, una piedra pequeña, refiriéndose definitivamente a un hombre humano.
Pero cuando Jesús dijo: "Sobre esta roca edificaré mi iglesia" (Mateo 16.18), la palabra griega original escrita por Mateo no fue ni kéfas ni petros, sino petra, que significa una gran roca maciza.

"…y la roca era Cristo"

Veamos algunos otros pasajes donde se utiliza esta misma voz griega petra. En Mateo 7.24, habló Jesús del hombre que construyó su casa sobre la roca. La voz griega empleada es petra. ¿Podría un hombre construir sobre un guijarro o piedra diminuta una casa tan firme que no pudiera ser llevada por el viento? ¡Desde luego que no! En el siguiente versículo, Jesús dijo que la casa no cayó a pesar de las lluvias torrenciales, las inundaciones, los fuertes vientos, porque aquella casa había sido construida sobre la roca. Por lo tanto, ¡la palabra petra denota grandeza, solidez, firmeza! También se define como una masa de roca.

En Mateo 27.60 se dice que el sepulcro en que fue enterrado Jesús después de la crucifixión, ¡fue labrado en la peña, en la petra! Se trata de una masa rocosa y no de una piedrita. Su tamaño era suficiente para labrar de ella una tumba familiar. Yo he visto aquella roca. He caminado dentro de aquel sepulcro. Es una roca enorme y no una piedra pequeña.

El vocablo griego petra no puede referirse al humano Pedro, ¡sino al Cristo glorificado! Hablando de los israelitas bajo el mando de Moisés en el desierto, Pablo escribe: "…porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo" (1 Corintios 10.4).

Según el Greek-English Lexicon de Liddell-Scott: "No hay ningún ejemplo entre los buenos autores de petra [petra] en el sentido de petroz [petros]". Al contrario, se hace la distinción entre petra y petros. En lenguaje sencillo, pues, la petra era Cristo, pero la piedra pequeña, petros o kephás, era Simón Pedro. ¡Eso resuelve el dilema de una vez por todas!

Cristo es la cabeza de la Iglesia

¿Era Pedro la cabeza de la Iglesia? ¿Qué dijo él mismo al respecto? Refiriéndose a Cristo y a la Iglesia, él escribió lo siguiente: "Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, pongo en Sion [la Iglesia] la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; y el que creyere en él, no será avergonzado. Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, la piedra que los edificadores desecharon, ha venido a ser la cabeza del ángulo; y: piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados" (1 Pedro 2.6-8).
En el pasaje anterior, Pedro se dirige a la Iglesia. Tomó una cita de Isaías 28.16: "He aquí que yo he puesto en Sion por fundamento una piedra, piedra probada, angular, preciosa, de cimiento estable". Esto representa a Cristo como aquel cimiento de la Iglesia sobre el cual ésta se edifica. La Iglesia de Dios se edificó sobre la Roca (su cimiento), Cristo, y no sobre la piedra, Pedro.

En el pasaje de 1 Pedro 2, la palabra "piedra" en cada caso se ha traducido del griego lithos y no de petros. Lithos se define como una piedra - una piedra de molino o de tropiezo. La misma palabra se utiliza para las piedras con las cuales se construyó el templo, y también para la piedra que se hizo rodar a la entrada del sepulcro de Cristo. Sin embargo, la palabra roca, en el versículo 8, se traduce del griego petra, que significa una piedra maciza. Representa a Cristo y no a Pedro como la cabeza de la Iglesia.

La Iglesia se describe en Efesios 2.20 como edificada "sobre el fundamento de los apóstoles y profetas [incluyendo a los profetas del Antiguo Testamento], siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo". Aquí se afirma, pues, claramente que Jesucristo es el jefe o la cabeza de la Iglesia.

El verdadero fundamento de la Iglesia es Cristo. "Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo" (1 Corintios 3.11). Cristo nunca abandonó a sus discípulos ni renunció su autoridad en favor de ningún ser humano. Él mismo afirmó: "No te desampararé, ni te dejaré" (Hebreos 13.5). En Apocalipsis 1.13, 18 Cristo se representa como la Cabeza viviente, espiritualmente, en medio de la Iglesia. ¿Quién es, según la Palabra de Dios, la cabeza viviente de la Iglesia? "Cristo es cabeza de la Iglesia" (Efesios 5.23). Léalo también en Efesios 4.15; 1.22; Colosenses 1.18; 2.19.
¡Jesucristo resucitó de entre los muertos y vive hoy! Durante más de 1.900 años ha sido la Cabeza viviente y el Sumo Sacerdote de la verdadera Iglesia, que Él edificó.

Así pues, la verdadera Iglesia de Dios del Nuevo Testamento fue fundada por Jesucristo y no por ningún ser humano.
Hemos encontrado, pues, la única autoridad infalible que puede resolver de una vez por todas este asunto sobre el día de reposo.
Dicha autoridad suprema es Jesucristo, y su palabra escrita, la Biblia.

Aun así, ¿qué importancia tiene ello?

Aunque sea Jesucristo la cabeza viviente de la verdadera Iglesia, y aunque sea Él la autoridad suprema para solucionar este asunto, todavía alguien podría preguntar: "¿y esto qué tiene que ver conmigo? Y aunque se trate de una cuestión de pecado, ¿qué más da?"

La mayoría de las personas hoy no tienen a Dios en cuenta y toman el pecado a la ligera. Y como dije antes, si no se toma en cuenta a Dios, entonces no puede tener importancia alguna el día que guardemos ni el hecho de observarlo o no.

¡Pero sí debemos tomar en cuenta a Dios! Él está en el asunto.
Es cierto que para la mayoría de las personas Dios no parece algo real. Pero nosotros somos creación de Dios. Dios todopoderoso puso a la humanidad sobre la Tierra con un propósito. ¡Sus leyes y decretos determinan nuestra felicidad, nuestro bienestar y éxito aquí y ahora, y nuestro destino para la eternidad! Cuando nos enfrentemos ante al juicio final, no seremos nosotros el juez.

El Dios Eterno creó todo el universo. Él puso en movimiento, mantiene y controla todos los poderes, las fuerzas y las energías. Él gobierna su obra, y las leyes que puso en vigor determinan nuestro bienestar o falta del mismo. Sí, ¡es preciso tenerlo en cuenta, pues Él tiene una parte muy activa e importante en esta cuestión!

¿Está también implicado el asunto del pecado? ¿Quién determina qué es pecado y que importancia tiene ello?
La mayoría de las personas no saben qué es el pecado. Hay quienes dicen que bailar es pecado - otros lo niegan. Algunos dicen que es pecado fumar, y otros que no. Distintas gentes y distintas iglesias tienen conceptos diferentes.
¡Pero esa ignorancia podría costar muy cara! Lo primero que debemos establecer es lo siguiente: El Dios todopoderoso y viviente no nos permite decidir qué es pecado. ¡Él lo determina, y nos obliga a decidir si vamos a pecar o no! Y la paga - el castigo - para el pecado es la muerte por la eternidad (Romanos 6.23). ¡Esta pena es real! ¡Es un destino aterrador y espantoso!
Pecar es hacer lo que Dios dice es perjudicial para nosotros o para los demás. Pecar es hacer lo que nos priva de las bendiciones de Dios: de la paz, la felicidad, la seguridad, la vida abundante y placentera, y del don supremo de Dios - ¡la vida eterna!
Sí, Jesucristo viviente y la Santa Biblia constituyen la única y suprema autoridad que puede solucionar este asunto de una vez por todas. ¡La pregunta acerca de cuál es el día de reposo tiene que ver directamente con nuestra relación con Dios! Y eso se relaciona directamente con nuestro bienestar aquí y ahora y con nuestra eternidad. ¡Tiene una enorme importancia para Dios!
Jesucristo es la Palabra de Dios viva y personal. ¡Y la Sagrada Biblia es la Palabra de Dios escrita, por medio de la cual Cristo nos habla! Cristo es la cabeza activa de la única Iglesia verdadera. ¡Hemos encontrado la autoridad suprema!
Ahora bien, veamos qué nos dice Cristo, por medio de la Biblia, acerca del día que debemos guardar en esta era del Nuevo Testamento, y si ello tiene o no alguna importancia.

Capítulo Segundo

¿Quién creó y estableció el Día de Reposo?

FUE MUCHO lo que Jesucristo habló y enseñó respecto del día de reposo y su observancia.
En Marcos leemos acerca del comienzo de su ministerio y el Evangelio por Él predicado. En repetidas ocasiones dijo que este Evangelio provenía directamente de Dios el Padre, que era el mensaje de Dios para la humanidad.

Marcos 1.1: "Principio del evangelio de Jesucristo". El evangelio de Jesucristo no es un evangelio hecho por los hombres acerca de la persona de Cristo. El evangelio de Cristo es su Evangelio, lo que Él predicó, ¡el mensaje enviado por Dios a la humanidad por intermedio de Jesucristo!
Evangelio del Reino

Después de que Juan Bautista fue apresado, Jesús entró en Galilea predicando las buenas nuevas del Reino - el gobierno - de Dios, haciendo un llamado a los hombres para que se arrepintieran y creyeran. Mas ¿para que creyeran en qué? ¡En este mismo Evangelio traído de parte de Dios, como lo dijo el mismo Jesús! (Marcos 1.15).

Y habiendo llamado a sus discípulos, "entraron en Capernaum; y los días de reposo, entrando en la sinagoga, enseñaba" (versículo 21). Jesús tenía por costumbre asistir a los servicios en la sinagoga los sábados (Lucas 4.16, 31).
Aquella sinagoga adonde asistió Jesús en Capernaum se encuentra hoy en ruinas. Yo la he visitado. He caminado en medio de las piedras y las columnas derrumbadas, y he visto las tallas judaicas.

La sinagoga en Nazaret, mencionada en Lucas 4.16, y a la cual sin duda asistió Jesús todos los sábados durante su niñez y adolescencia, permanece hoy intacta, a unos tres o cuatro metros por debajo de la superficie actual. Ha sido excavada, y a ella se desciende por una escalera. He visitado dicha sinagoga. Era muy pequeña, con capacidad para no más de unas 50 personas sentadas; construida totalmente de piedra. Pensé, mientras caminaba por aquel salón pequeño, en cómo también Jesús, por medio de quien Dios creó la Tierra, empezó su ministerio terrenal en un lugar muy pequeño y humilde. No puedo describir los sentimientos que me embargaron en aquel momento, ¡pero le aseguro que fue una experiencia inigualable!

Jesús predicó en las sinagogas de toda Galilea (Marcos 1.38-39). En cierta ocasión, junto con sus discípulos, atravesó los sembrados un día de sábado (Marcos 2.23). Los fariseos acusaron a los discípulos de Jesús de haber quebrantado el sábado porque arrancaron algunas espigas para comer.
Al enseñar, como parte de su evangelio, la manera de guardar el sábado, Jesús dijo: "El sábado fue hecho a causa del hombre, y no el hombre por causa del sábado. Así que el Hijo del Hombre es Señor aun del sábado" (Marcos 2.27-28, Versión Moderna)
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¡Fue hecho!

¡Lea nuevamente este texto fundamental!
Jesús dijo: "El sábado fue hecho". Es una de aquellas cosas que se hicieron. Había de tener un creador. Y, ¿quién hizo el sábado? ¿Quién lo creó?

Dios es el Creador, como está escrito en Efesios 3.9: "...Dios, que creó todas las cosas". El apóstol Juan fue inspirado a escribir:
"En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios... todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres... Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. Juan [Bautista] dio testimonio de él, y clamó diciendo: Éste es de quien yo decía: El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo" (Juan 1.1, 3-4, 14-15).

Aquel "Verbo" era Cristo. Cristo estaba con Dios el Padre desde la eternidad. ¡Cristo era Dios! ¡Por Él todas las cosas fueron hechas - ¡por Jesucristo! El sábado es una de aquellas cosas que fueron hechas. Así pues, Jesucristo fue quien hizo el sábado. ¡Dios lo creó por medio de Él!
Nótese luego: "Porque en él [Cristo] fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles... y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia" (Colosenses 1.16, 18).

Pocos saben hoy que el sábado fue hecho por Jesucristo. ¡Con razón dijo con tanta claridad que Él también es Señor del sábado! (Marcos 2.28).
¿Cuándo y para quién?
Veamos de nuevo Marcos 2.27. No es sólo una de aquellas cosas que fueron hechas, y no sólo tenía un Creador, sino que fue hecho para alguien. Hoy parece prevalecer la idea de que fue "para el judío". Mas, ¿qué dijo al respecto el mismo Cristo? ¡Que se había hecho "para el hombre"!
Si se hizo para la humanidad, podemos suponer que fue hecho juntamente con el hombre. Pero no debemos "suponer". ¡Debemos tener autoridad bíblica!

Regresemos de nuevo a la descripción del tiempo en que fue hecho el hombre.
"Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra [más de uno: el Padre y Cristo] imagen, conforme a nuestra semejanza... Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó" (Génesis 1.26-27).

Ahora bien, ¿cuándo sucedió aquello? Dice el versículo 31 que sucedió el sexto día de la semana de la creación. Es más: el hombre fue la última cosa o ser creado aquel día. Por lo tanto fue creado por la tarde del sexto día.

Continuemos: "Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación" (Génesis 2.2-3).

¡Tomemos nota! Cuando, "dijo Dios: Hagamos al hombre", ¿quién hablaba? La palabra original hebrea traducida como "Dios" es Elohim, vocablo uniplural (sustantivo colectivo) que significa más de una persona, pero un solo Dios. Dios es un reino, una familia. Está el Padre. Y Jesús es el Hijo. Cristo es también el Verbo, es decir, el Vocero. Él habla sólo según las instrucciones del Padre. ¡Dios creó todas las cosas por Cristo! Por lo tanto, ¡era Cristo quien hablaba! Fue Jesús quien dijo: "Hagamos al hombre". ¡Fue Jesús quien realizó la obra de la creación bajo la dirección del Padre!
¡Tomemos nota de nuevo! ¿Completó Jesús su creación en el sexto día? ¿Dice que dejó de crear en el séptimo día? ¡De ninguna manera! Veamos con más cuidado: "Y acabó Dios en el día séptimo". ¿Acabó qué? No acabó de crear - acabó "la obra que hizo".

¡Hubo siete días completos de creación, y no seis! ¡En el séptimo día hizo el sábado! Pero el sábado no se hizo por medio del trabajo sino del reposo. ¡Lo que acabó el séptimo día fue la labor de la creación, lo que fue hecho mediante trabajo! ¡El séptimo día descansó! Al descansar, creó el día de reposo.

¿Estaba cansado Dios?

¿Por qué descansó Jesucristo después de haber realizado la obra de la creación? ¿Estaba "rendido"? ¿Estaba tan fatigado que se vio obligado a detenerse para descansar? De ninguna manera, pues Dios "no desfallece, ni se fatiga con cansancio" (Isaías 40.28).
Sin embargo, este fue un verdadero descanso, pues vemos escrito en Éxodo 31.17: "...en seis días hizo el Eterno [Cristo] los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó y reposó". "Reposó", o sea que fue un verdadero descanso. Sin embargo, ¡no estaba cansado ni fatigado!
¿Por qué descansó? ¡Para imprimir su divina presencia en aquel día! Hizo el sábado al descansar aquel día, mientras que todo lo demás lo había hecho por medio del trabajo.
Además, ¡también "bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó"! ¿Qué significa "santificó"? Busquemos en el diccionario. Significa "apartar para uso o fines santos". Apartó este día de los demás para uso santo, ¡para un día de descanso físico en el cual pueda reunirse su pueblo para adorar a Dios!
Y también Él "bendijo" al séptimo día de cada semana (Éxodo 20.11). Lo hizo sagrado. Como veremos más adelante en las Escrituras, es santo, sagrado para Dios. Ahora bien, el día de reposo es un día determinado - el séptimo de la semana (Mateo 28.1). Por lo tanto, lo que hizo Dios, por Cristo, fue santificar determinado tiempo futuro.
Ahora preguntémonos: ¿Existe hombre alguno con autoridad para santificar algún tiempo futuro? Ningún hombre es santo en sí. Ningún hombre tiene poder para santificar las cosas. ¡Solamente Dios es santo, y aquello que Él ha santificado! ¡No existe ningún grupo ni organización humana con autoridad para santificar ningún tiempo futuro!
El día de reposo es un lapso de tiempo. Dios lo estableció como el tiempo que transcurre entre la puesta del Sol el viernes y la puesta del Sol el sábado. ¡Cada vez que llega ese tiempo, nos hallamos en tiempo santo! ¡No es nuestro tiempo, es de Dios! Dios lo santificó, y como veremos más adelante en detalle, ¡en los Diez Mandamientos nos mandó guardarlo así, santo! Hoy muchos no comprenden que es pecado profanar aquello que es santo para Dios.

"Quita tu pie…"

Pero, ¿qué importancia tiene que guardemos o no este día bendecido y santificado por Dios? ¿Debe el cristiano respetar lo que Dios ha santificado?
Dios nos da una clara explicación en una experiencia de Moisés.
Moisés, habiendo sido criado como príncipe por la hija del Faraón, había dado muerte a un guardia egipcio, y huyó a Madián, cerca del monte Sinaí. Allí se casó con la hija del sacerdote Jetro. Mientras apacentaba un rebaño de ovejas, llegó al monte Sinaí, donde vio una gran zarza que ardía pero que no se consumía. El Eterno (Cristo) llamó a Moisés desde la zarza ardiente:
"¡Moisés, Moisés! …quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es" (Éxodo 3.4-5). Ahora bien, supongamos que Moisés fuera como la mayoría de las personas hoy. Probablemente habría discutido: "Bueno Señor, no veo qué más da en donde me quite el calzado. No deseo quitármelo aquí en este lugar; prefiero esperar y quitármelo un kilómetro más adelante".
Si Moisés se hubiese rebelado respondiendo de esta manera, jamás habría sido escogido para sacar al pueblo de Dios de Egipto.

La tierra un kilómetro más adelante, no era santa. ¿Qué más daba si se quitaba Moisés el calzado - o dónde se lo quitaba? ¡He aquí la explicación! La tierra donde Moisés estaba parado era santa. Dios le exigía que tratara con respeto la tierra santa.
¿Por qué? ¿Qué hacía santo aquel trozo de tierra? ¡Dios estaba presente en aquel lugar! ¡Dios es santo! Su presencia allí santificó la tierra circundante.

De la misma manera, Dios está presente en su día de reposo. Él descansó el primer día de reposo para imprimir su presencia en aquel día. ¡Esto lo convirtió en tiempo sagrado! Cuatro mil años después, cuando este mismo "Logos" o "Verbo" se hizo hombre, cuando regresó como Jesucristo en carne humana, aún imprimía su presencia en el día de reposo semanal. ¡Iba a las sinagogas conforme a su costumbre!

Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y lo será por los siglos (Hebreos 13.8). ¿Lo cree así usted? ¿Es su Biblia una autoridad? ¿La acepta como tal? Si Jesucristo en espíritu no mora hoy en su carne, si Él no vive la vida de usted, entonces usted no es de Él ni tampoco es usted cristiano (Romanos 8.9). Pero si lo está, Él no ha cambiado, y aún sigue imprimiendo su presencia en el día de reposo que Él santificó.

El Eterno ordenó a Moisés quitar su calzado de aquella tierra santa. Desobedecer habría sido pecado, y el castigo, la muerte eterna.

El mismo Dios Eterno ordena a la humanidad que quite el pie y se abstenga de pisotear y profanar su día santo. Exige a sus hijos un trato respetuoso para aquel tiempo santo, respeto que no exige para otros días de la semana. Veamos una profecía para nuestro tiempo:

"Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia [no un yugo obligado], santo, glorioso del Eterno; y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras, entonces te deleitarás en el Eterno; y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre; porque la boca del Eterno lo ha hablado" (Isaías 58.13-14).

Está claro que aquí hay un "así dice el Eterno".
Veneramos a Dios al mantener santas las cosas que Él ha santificado. Lo deshonramos cuando no hacemos las cosas según Él nos ordena.
Dios nos manda: ¡Quita tu pie de sobre mi tiempo santo! Deja de pisotear todo aquello que yo he santificado. ¡No profanes mis cosas santas!
Incurrimos en pecado cuando profanamos lo que Dios ha santificado.
Dios no ha santificado ningún otro día de la semana. ¡El hombre no tiene autoridad para hacer sagrado un día! No se puede guardar un día como santo, a menos que Dios lo haya santificado previamente, así como no se puede mantener caliente el agua sin calentarla primero. Dios hizo sagrado este lapso de tiempo sagrado, ¡y nos ha mandado mantenerlo así!

Abraham lo guardó

Este mundo y toda su civilización, consiste en un sistema de creencias y costumbres derivados de "lo que al hombre le parece bien". Dios nos dice que ese camino trae consigo el castigo de la muerte eterna (Proverbios 14.12; 16.25). El camino que nos parece bien es el camino del pecado.
Si las religiones del mundo realmente aceptaran la Biblia como su autoridad, creerían todas en lo mismo. Todos seguirían el camino trazado por Dios y las costumbres ordenadas por Él. Muchos que dicen ser creyentes cristianos dicen también regirse por la Biblia y sólo por la Biblia. Sin embargo, creen todo lo contrario de las claras enseñanzas de las Escrituras y de Cristo. ¡Ciertamente este mundo está engañado!
Los hombres desarrollan muchos argumentos para evadir los mandamientos de Dios, pues la mente carnal es enemistad contra Él y no se sujeta a su ley (Romanos 8.7). Cuando los hombres rechazan los mandamientos de Dios para seguir sus propias tradiciones (ver Marcos 7.6-9), tienen que desarrollar argumentos para justificar su rebelión. Uno de los argumentos es que los mandamientos de Dios no existían hasta que los hijos de Israel llegaron al monte Sinaí.
Pero Abraham observó los mandamientos 430 años antes de que llegaran al Sinaí sus descendientes.
¡Léalo en su propia Biblia! "Oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes" (Génesis 26.5). Dios habla. Explica por qué hizo las grandes promesas a Abraham.
¡Abraham guardó el sábado del Señor!
En el Nuevo Testamento leemos que es pecado quebrantar cualquiera de los mandamientos (Santiago 2.10-11).
Algunos tratan de argüir que "quizás el cómputo del tiempo se perdió. Quizás se perdió la cuenta de cuál era el séptimo día de cada semana, día en que descansó Dios".

¿Se perdió el cómputo del tiempo?

Al ponerse el Sol el sexto día de la creación, ya Adán había sido creado y vivía. Él sabía cuál era el séptimo día. Jesús llamó "justo" a Abel (Mateo 23.35), de manera que Abel guardó el sábado. Enoc "caminó con Dios", de manera que él también guardó el sábado, y fue "trasladado por Dios" menos de cien años antes de Noé. Ellos sí sabían, todo ese tiempo, cuál era el séptimo día. Adán vivió durante los primeros 243 años de Matusalén, y hasta que Lamec tuvo 56 años de edad. Estos hombres sabían cuál era el séptimo día. Matusalén fue contemporáneo con Noé 600 años, y Lamec 595.
Ciertamente Noé aprendió de ellos, y de otros, cuál era el séptimo día. Y lo guardó pues era pregonero de justicia (2 Pedro 2.5), y "todos tus mandamientos son justicia" (Salmo 119.172).
Sem fue igualmente hombre justo, y vivió hasta que Abraham tuvo 150 años de edad. Noé murió sólo dos años antes de nacer Abraham.
No, el cómputo del tiempo no se perdió hasta la época de Abraham. Nuestro folleto gratuito ¿Se ha perdido el cómputo del tiempo? ofrece siete pruebas irrefutables de que el tiempo no se ha perdido hasta nuestros días.
Pero muertos Jacob y José, los hijos de Israel (Jacob) se convirtieron en esclavos de Egipto. Está escrito: "Entonces pusieron sobre ellos comisarios de tributos que los molestasen con sus cargas... Y los egipcios hicieron servir a los hijos de Israel con dureza, y amargaron su vida con dura servidumbre..." (Éxodo 1.11, 13-14).
Los egipcios no guardaban el sábado. Azotaban a los esclavos israelitas para que laborasen aquel día igual que los demás. Por tanto, a éstos no les fue permitido guardar el sábado durante unos 150 a 175 años, - varias generaciones. No tenían sacerdocio. No había día de reposo ni servicios religiosos. Probablemente tampoco hubo enseñanza religiosa, al menos a escala organizada.
¡Y no había Biblia! ¡Ningún registro escrito de las instrucciones de Dios ni de su ley! La Biblia dice: "La palabra del Eterno permanece para siempre" (1 Pedro 1.25). Si se hubieran escrito palabras inspiradas por Dios antes del tiempo de Moisés, hoy lo sabríamos. Las primeras Escrituras Sagradas fueron escritas por Moisés después de que los israelitas fueron liberados de la esclavitud egipcia.
La generación de israelitas que Moisés guió fuera de Egipto no tenía ningún entrenamiento ni instrucción religiosa. Es probable que supieran muy poco acerca del sábado, día de reposo. Para ellos, el cómputo del tiempo se pudo haber perdido. ¡Pero si fue así, Dios se lo reveló por medio de milagros asombrosos!
¡Tomemos nota! Estos israelitas, dos o tres millones en total (600.000 hombres mayores de 20 años), llegaron al desierto de Sin un mes después de haber partido de Egipto y unas dos semanas antes de llegar al monte Sinaí. Recordemos: son varias semanas antes de que Dios les diera los Diez Mandamientos. La gente se quejaba y murmuraba por la escasez de alimentos en el desierto.

Revelado milagrosamente

Aquí Dios les reveló por medio de milagros, cuál era el día sábado, y si tiene o no importancia que se observe. "Y el Eterno dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día". ¿Por que? "Para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no" (Éxodo 16.4).
¡Lea eso de nuevo! Esto sucedió más de dos semanas antes de que recibieran los Diez Mandamientos, antes de que el Antiguo Testamento hubiera sido propuesto, antes de la ley de Moisés. Pero la ley de Dios estaba en vigor. Dios los iba a probar, si obedecerían o no uno de los preceptos de sus puntos.
"Mas en el sexto día prepararán para guardar el doble de lo que suelen recoger cada día" (versículo 5).
Demostraré que Dios les hablaba en un sábado. Está claro que el Eterno (quien más adelante, en carne humana, se convirtió en Cristo) predicó por vez primera al hombre en el primer sábado. Adán fue creado el sexto día de la semana de la creación. Evidentemente fue creado por la tarde, ya que fue la última obra realizada aquel día. Cuando cayó el Sol, inmediatamente después de la creación de Adán, Dios le predicó ofreciéndole el don de la vida eterna (mediante el árbol de la vida) y advirtiéndole que la paga del pecado es la muerte (Génesis 2.15-17; ver también Romanos 6.23).
Y aquí de nuevo, Dios predica a Israel, por medio de Moisés, en el día sábado.
Ahora lea en Éxodo 16.9-19 el relato del milagro del maná. En el versículo 20 leemos que algunos intentaron proveerse de maná para otro día, contraviniendo el mandato de Dios; "y crió gusanos y hedió".
Luego, el versículo 22: En el sexto día recogieron doble porción de maná. Versículo 23: Moisés explicó: "Mañana es el santo día de reposo". Y en este sexto día les fue ordenado proveerse de alimento para el día sábado, lo cual hicieron. En el versículo 24 dice que, "no se agusanó, ni hedió", como en los cinco días anteriores. ¡Éste fue otro milagro de Dios, por medio del cual mostraba cuál era el verdadero séptimo día!
A la mañana del día siguiente, el sábado, dijo Moisés (versículos 25-26): "Hoy es día de reposo para el Eterno; hoy no hallaréis en el campo. Seis días lo recogeréis; mas el séptimo día es día de reposo; en él no se hallará".
Pero, ¿tenía ello alguna importancia?
¿No estaba bien trabajar en el séptimo día y después descansar el primer día de la semana? Algunos de estos israelitas, lo mismo que muchos de profesado cristianismo hoy, pensaron que así sería mejor.
Veamos qué sucedió. El versículo 27: "...Y aconteció que algunos del pueblo salieron en el séptimo día a recoger, y no hallaron". Estas personas pensaron que no importaba qué día ni el hecho de guardarlo o no. ¡Pero a Dios sí le importaba! Durante los seis días de la semana, el mismo Dios había laborado enviando el maná. ¡Pero el mismo Dios no laboró en su sábado, día sagrado para Él! En este séptimo día, Él mismo descansó y no les envió maná.

Severa reprimenda

"Y el Eterno dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo no querréis guardar mis mandamientos y mis leyes? Mirad que el Eterno os dio el día de reposo, y por eso en el sexto día os da pan para dos días. Estese, pues, cada uno en su lugar, y nadie salga de él [para recoger, para laborar] en el séptimo día" (versículos 28, 29).
¡Y después de esta fuerte reprimenda de Dios, el pueblo descansó el séptimo día! ¡Ciertamente a Dios sí le importa! Y Dios es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos (Hebreos 13.8).
Veamos de nuevo estos milagros por medio de los cuales Dios reveló cuál es su sábado. Descendió maná durante seis días, pero no en el séptimo. El mismo Dios trabajó al enviarlo durante los seis días de la semana, pero descansó el séptimo. Los cinco primeros días de la semana el maná se pudría y se agusanaba al guardarlo, pero a la víspera del sábado, la noche después del sexto día, se mantenía fresco y perfectamente preservado - ¡y sin refrigeración! El sexto día, Dios les envío doble porción. El séptimo día no les envió nada.
Sí, después de todas aquellas generaciones de esclavitud en Egipto, algunos podrían alegar que los israelitas perdieron la noción del tiempo. Pero Dios reveló por medio de aquellos milagros cuál es su sábado, y les amonestó duramente por haberlo quebrantado. Reveló, muchos días antes de proponer el Antiguo Pacto o de dar los Diez Mandamientos en el monte Sinaí, la importancia de vida o muerte que tiene el santificar el sábado.
Veamos también el versículo 29: "Mirad que el Eterno os dio el día de reposo". En toda la palabra de Dios no hay ningún lugar donde se diga que "el Eterno os dio el domingo". El Domingo es mandamiento del hombre, no de Dios.
¿Cuál es la fuente de la religión suya? ¿Es el hombre, la opinión pública y las costumbres humanas? ¿O es Dios todopoderoso la fuente de sus creencias y su adoración?
¡Su eternidad depende de su respuesta a esta pregunta!

Capítulo Tercero

Fue Dios, no Moisés, quien dio la Ley

En el tercer mes (del nuevo calendario sagrado dado por Dios a los israelitas en Egipto), llegó al monte Sinaí la gran multitud de israelitas. Recordemos que eran alrededor de dos o tres millones. Había 600.000 hombres mayores de 20 años, sin contar las mujeres y los niños (Éxodo 12.37).

Enorme multitud en asamblea

Aquella enorme muchedumbre acampó allí "delante del monte", levantó carpas, formando un gran campamento (Éxodo 19.2). - Y ello, desde luego, les tomó algún tiempo, aunque estaban muy bien organizados.
Entonces (versículo 3) Moisés subió al monte para reunirse con Dios y allí el Eterno le hizo una proposición para que la planteara a todo el pueblo. Esta proposición o acuerdo es lo que llamamos Antiguo Testamento o Antiguo Pacto (como debe llamarse correctamente), acuerdo por el cual se convertiría este pueblo en una nación, la nación de Dios en la Tierra.
La proposición establecía que Dios sería para este pueblo su único Rey y Soberano. Su gobierno habría de ser una teocracia. Las leyes no serían dictadas por un congreso o parlamento, sino por Dios. Él nombraría a algunos dirigentes destacados para ejecutar sus órdenes.
"Entonces vino Moisés, y llamó a los ancianos del pueblo, y expuso en presencia de ellos todas estas palabras que el Eterno le había mandado" (versículo 7). El pueblo aceptó unánimemente la proposición de Dios, pues tanto le interesaba recibir lo que Dios allí prometía ("vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos"; es decir, que serían la más grande, la más próspera y la más poderosa de las naciones de la Tierra), que no tomaron muy en serio la condición: "si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto" (versículo 5).
¿Y qué dictaría la voz de Dios para que el pueblo lo obedeciera? ¡Una gran ley que ya existía, lo mismo que las leyes de la gravedad y la inercia, de la física y la química! Sólo se trataba de una ley espiritual. La voz de Dios revelaría aquella ley viviente e inexorable en palabras específicas, como un código definido.

¿Una ley rigurosa?

¿Por qué esta ley? Ya es hora de que entendamos la respuesta correcta. Dios Todopoderoso no es sólo el Creador y Soberano de su vasta creación ilimite que es todo el universo, ¡sino que es también un Dios de amor!
Por amor, Dios creó al hombre a su imagen. Dios ama a los hombres. Y deseaba que los hombres creados por él fuesen felices, que tuvieran paz y que gozaran de una vida segura, interesante, sana y abundante. Para lograr tan feliz estado, puso en vigor leyes espirituales que constituyen el camino hacia al bienestar físico, mental y espiritual y que evitan la tristeza, el sufrimiento, la angustia, la inseguridad, el hastío, el vacío, la frustración, la violencia y la muerte. Estas leyes espirituales señalan el camino hacia una vida feliz, sana, vital, interesante y gozosa.
Dios es amor y sabe que el amor es conmovedor y bueno. Por ello ideó y puso en vigor una ley que es la esencia del amor, una ley que es cumplida, obedecida y ejecutada por amor.
¡Qué maravilloso y glorioso don para la humanidad! Sería de esperarse que la humanidad se regocijara en gran manera, y con profunda gratitud diera a Dios alabanzas sin fin. ¡Pero no lo hace! Por buena y gloriosa que sea esta ley, la naturaleza humana la repudia. Lo hacía entonces y lo hace ahora. La naturaleza humana es tendencia inherente en el hombre hacia la vanidad, el egoísmo, la codicia. Egoístamente desea tomar todo lo que le brinda el camino de Dios, pero en rebeldía, se resiste a seguir ese camino para alcanzar sus múltiples bendiciones.
El amor es tener interés por los demás. Significa dar, servir, compartir. La naturaleza humana sólo busca tomar, adquirir, obtener, recibir.
Todo lo bueno, las bendiciones y los beneficios vienen de Dios. Él es la fuente de todo el bien anhelado por la humanidad. En su proposición de ser Rey y Gobernante de Israel y de convertirla en la nación más próspera, más bendita y poderosa, ella obtendría la bendición suprema de la guía, la protección, y la ayuda del Dios omnisapiente, todopoderoso y de todo amor.
Esta gran congregación de gente miraba, desde luego, solamente la promesa de los beneficios que recibiría y accedió gustosa a los términos de la propuesta de Dios antes de escucharlos.
Entonces (versículo 8) Moisés subió de nuevo al monte para responderle a Dios.

¡El poder y la gloria!

Entonces Dios le dio instrucciones:
"Ve al pueblo, y santifícalos hoy y mañana… y estén preparados para el día tercero, porque al tercer día el Eterno descenderá a ojos de todo el pueblo sobre el monte de Sinaí" (versículo 10, 11).
Aquel gran día, por la mañana, hubo un despliegue formidable de truenos y relámpagos sobre el monte.
Imaginemos aquel enorme gentío - millones de personas - hasta donde la vista se pierde. Y luego, ¡aterradores relámpagos que cegaban, y estruendosos truenos que parecían hender el espacio y romper el tímpano! Y en medio de este formidable despliegue cegador y ensordecedor, Dios mismo, dispuesto a hacer tronar su gran ley para que la escuchara aquella enorme muchedumbre.
¡Con razón todos - el pueblo entero - se atemorizaron y pidieron a Moisés que se pusiera entre Dios y ellos!
En medio de esta enorme manifestación del poder y la gloria de Dios "Moisés sacó... al pueblo para recibir a Dios; y se detuvieron al pie del monte. Todo el monte Sinaí humeaba, porque el Eterno había descendido sobre él en fuego… y todo el monte se estremecía en gran manera" (versículos 17-18).
¡Qué escenario para el recibimiento de la ley de Dios!
¡No era una ocasión común y corriente! ¡Dios deseaba que la trascendental importancia de esta ley, de su manera perfecta de vivir, quedara grabada permanente e indeleblemente en su pueblo!
¡Piense en ello! Toda una nación - ¡millones de seres reunidos formando una multitudinaria, una histórica asamblea! ¡Dios mismo hablando en medio del fuego, los relámpagos y los truenos ensordecedores, y una grandiosa voz sobrenatural que no requería micrófono ni altoparlantes para ser escuchada por aquella muchedumbre!
Aquello no era una multitud de cincuenta o cien mil personas como la que se reúne en un partido de fútbol, béisbol o cualquier evento deportivo. Semejante reunión de espectadores nos parece ahora descomunal, pero comparada con aquel auditorio que tuvo Dios, no es más que una gota de agua en el mar. Su público no fue de 50.000, ni de 100.000 ni de un millón, ¡sino de dos o tres millones de personas formando una sola muchedumbre que desafía la imaginación!
No fue la voz de Moisés la que dictó la ley de Dios. ¡Fue la voz de Dios mismo! ¡La nación entera escuchó la voz de Dios!
"Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: Yo soy el Eterno tu Dios..." Entonces la voz de Dios dictó a aquella concurrencia las palabras de los Diez Mandamientos.

¡La voz de Dios, no de Moisés!

¡Cuán significativo! Aquel día, el día de Pentecostés (llamado en el Antiguo Testamento la Fiesta de los Primeros Frutos o Fiesta de las Semanas), en medio de esta tremenda y arrolladora manifestación de las fuerzas de la naturaleza, Dios dictó su ley - su camino de vida - a los únicos seres en la Tierra que constituían su pueblo. Ello sucedió al fundarse y establecerse la nación de Dios en la Tierra.
Muchos siglos después, el día de Pentecostés del año 31 d.C., con una tremenda y asombrosa manifestación, Dios confirió a su pueblo (Iglesia) su Espíritu Santo, el amor de Dios para cumplir aquella ley. ¡Ello sucedió al fundarse y establecerse la Iglesia de Dios en la Tierra!
¿Quién dio al pueblo los Diez Mandamientos?
¡Veamos cuidadosamente! El pueblo no recibió los Diez Mandamientos de Moisés, como parece creer la mayoría de las personas hoy. Moisés escuchó cómo en esta forma se dictaba por vez primera los Mandamientos, ¡a la vez que escuchaba toda aquella nación de millones de personas! No fue Moisés quien le dio esta ley al pueblo, sino que "habló Dios todas estas palabras".
Luego, veamos Deuteronomio 5.4-22. Esto sucede más tarde. Moisés habla al pueblo de Israel y le dice: "Cara a cara habló el Eterno con vosotros en el monte de en medio del fuego. Yo estaba entonces entre el Eterno y vosotros, para declararos...", y seguidamente leemos las palabras de los Diez Mandamientos (versículo 6-21).
¡Los Diez Mandamientos no vinieron de Moisés sino de Dios! No fueron dictados al pueblo por Moisés, sino por Dios a toda la nación reunida. Dice Moisés: "Cara a cara habló el Eterno con vosotros", con el vasto concurso de todo el pueblo.
Él explica (versículo 5) que se puso enfrente de ellos para darles valor, pues se hallaban atemorizados. Pero él estaba con ellos, ¡como un concurrente más en aquella vasta asamblea!
¡Dios habló a toda la congregación, a todas las personas allí reunidas, y no solamente a Moisés!
Veamos más adelante: Después de volver a escribir las palabras de los Diez Mandamientos habladas por Dios, Moisés prosigue en el versículo 22, diciéndole al pueblo de Israel: "Estas palabras habló el Eterno a toda vuestra congregación en el monte, de en medio del fuego, de la nube y de la oscuridad, a gran voz; y no añadió más Y las escribió en dos tablas de piedra, las cuales me dio a mí".
¡Lea esto de nuevo cuidadosamente! Seguramente no es lo que le han enseñado. ¡Léalo en su propia Biblia!
Estas palabras de los Diez Mandamientos fueron dichas por el Señor. ¿A quién? "A toda vuestra congregación". El pueblo no recibió los Diez Mandamientos de Moisés, sino directamente de la voz de Dios, que fue escuchada por todos.
"Y no añadió más" ¡Era ley completa! Es una ley espiritual. Es completa. ¡No añadió más a aquella ley! Las demás son todas leyes diferentes e individuales; no son parte de aquella ley espiritual, ¡la cual es completa en sí misma!
Y quien piense que esta ley era sólo para "los judíos", no podría estar más equivocado. ¿No dice, acaso, en Hechos 7.38 que aquellos israelitas recibieron "palabras de vida que darnos" - a nosotros, que somos cristianos bajo el Nuevo Pacto?
Todas las demás naciones se habían apartado de Dios y de sus caminos. Ahora Dios escogía un pueblo oprimido y esclavizado como su nación, el único pueblo de la Tierra que no se había desvinculado totalmente de Él.
Sobre esta base se hizo el Antiguo Pacto pero, ¿cuál es la base del Nuevo Pacto? Léalo en Hebreos 8.10: "Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré; y seré a ellos por Dios, y ellos me serán a mí por pueblo".
Veremos claramente más adelante que: 1) no se trataba de una ley temporal que terminaría en la cruz; 2) tampoco era una ley especial para una nación, y prohibida para otras. Dios no hace acepción de personas (Hechos 10.34).

El mandamiento del sábado

Veamos ahora más de cerca, el mandamiento del día sábado.
"Recuerda el día del sábado para santificarlo" (Éxodo 20.8, Biblia de Jerusalén). Dios ordenó que recordemos ese día y los hombres han insistido en olvidarlo o en querer cambiarlo por otro.
En el sermón del monte dijo Cristo: "No penséis que he venido para abrogar la ley", y los cristianos profesantes creen que sí vino a destruirla.
En el mismo sermón Cristo dijo: "no juréis", y los cristianos profesantes siguen la práctica universal de levantar la mano derecha y jurar.
Cristo dijo: "Amad a vuestros enemigos", y sus seguidores profesantes aborrecen a sus enemigos y los matan.
Cristo dijo: "Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto", y los cristianos profesantes dicen: "Es imposible cumplir la ley de Dios, y mucho menos ser perfectos. Dios la cumplió en nuestro lugar, y después la abolió".
Dios manda: "¡Haced!" Y los que profesan ser sus seguidores dicen: "¡No hagáis!"
Cristo manda: "¡No hagáis!" Y sus seguidores profesantes: "¡Haced!"
Cristo mandó: "Acuérdate del sábado". Y los cristianos profesantes lo olvidan.
Pero notemos el resto de la frase, "para santificarlo". Es decir, mantenerlo santo. No se puede mantener caliente el agua helada; sólo se puede mantener caliente el agua que ya lo está. No se puede mantener como santo un día que no lo es. El único día de la semana que Dios ha santificado es el sábado. Es imposible mantener santo el domingo o el viernes, pues Dios jamás los santificó y el hombre no puede hacerlo. ¡Éstos no son argumentos, son hechos, por los cuales seremos juzgados en el juicio de Dios!
Ahora veamos los versículos 9 y 10 (Éxodo 20) "Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; más el séptimo día es reposo para el Eterno tu Dios; no hagas en él obra alguna".
¡No se trata simplemente de cualquier séptimo día! No es "un día en siete". ¡Cristo dijo "el séptimo día"! En Mateo 28.1 - después de la crucifixión y la resurrección, después de haber sido "clavado en la cruz" todo aquello que allí habría de ser clavado - encontramos que es el séptimo día de la semana, ¡el día anterior al primer día de la semana!
¡Veamos aun más! Jesucristo no dijo a aquellos israelitas, "el sábado de los judíos". Dijo claramente que el sábado "es reposo para el Eterno tu Dios". Si es el descanso o reposo para el Señor, entonces realmente es "el día del Señor".
Pongamos fin ahora mismo al argumento de que el domingo es el "día del Señor". Reto a cualquier lector a demostrar cualquier pasaje bíblico donde se identifique el domingo, o primer día de la semana como "día del Señor" y proclamaré la verdad de aquel pasaje a los millones de oyentes del programa El Mundo de Mañana, que se trasmite a todos los continentes habitados de la Tierra, en varios idiomas, y lo publicaré en un artículo de fondo en la revista La Pura Verdad, cuyos lectores en todo el mundo alcanzan a varios millones.
Dios ha puesto delante de mí uno de los públicos más numerosos del mundo actual. Si usted cree que el domingo es "el día del Señor" y lo puede demostrar en las Sagradas Escrituras, ¡tiene ahora la oportunidad de exponer sus argumentos a millones de personas! Pero antes de que alguien cite Apocalipsis 1.10, permítaseme llamar la atención hacia el hecho que: 1) dicho versículo no se refiere a ningún día de la semana sino a un período general, profético, denominado "el día del Señor" en más de 30 profecías. Actualmente estamos en "el día del hombre". El día del Señor es la era cuando Dios intervendrá de manera directa y sobrenatural en los acontecimientos mundiales, y comenzará a hacerse cargo del gobierno de todas las naciones. Y, 2) dicho versículo y su contexto no hacen referencia alguna a ningún día de la semana, y de ninguna manera mencionan el domingo o "el primer día de la semana". No hay absolutamente nada en este versículo o su contexto que los asocie con un día de culto semanal ni con un cambio del día para el domingo. Quienes lo asocian con el domingo lo hacen sin la autoridad de las Escrituras, engañando así a millones de personas.
El "día del Señor" es el día que pertenece al Señor, aquel sobre el cual Él es Señor.
En Marcos 2.28 Jesucristo dijo ser Señor del sábado, no del domingo.
En el versículo en cuestión, Éxodo 20.10, Él dijo a todo el pueblo reunido: "Mas el séptimo día es reposo para el Eterno tu Dios". No dijo "reposo del pueblo judío", sino de "el Eterno tu Dios".
Leamos de nuevo las palabras de Cristo en el mandamiento: "Seis días trabajarás, y harás toda tu obra", (aquellos son nuestros días, para realizar nuestras labores) "mas el séptimo día es reposo para el Eterno tu Dios". El séptimo día es el día del Señor. Lo dice claramente este mandamiento en la ley que define el pecado.
En 1 Juan 3.4 leemos la definición bíblica de pecado: "El pecado es infracción de la ley". En Romanos 7.7 leemos cuál es la ley cuya trasgresión constituye pecado: la ley que dice "no codiciarás", citada de aquella misma ley de Éxodo 20.17. En Santiago 2.9-11 vemos cuál es la ley que define el pecado. Es una ley subdividida en "puntos" (versículo 10), uno de los cuales es "no cometerás adulterio", citado de aquella misma ley (Éxodo 20.14), y otro es "no matarás", tomado también de la misma ley (Éxodo 20.13).
En Santiago 2.10 leemos que si quebrantamos cualquiera de estos diez puntos seremos culpables de pecado. La misma ley dice: "Recuerda el día del sábado para santificarlo... el séptimo día es reposo para el Eterno tu Dios". ¡Quien desobedezca este mandamiento comete PECADO!
Seguramente lo anterior es muy distinto de lo que usted ha creído o de lo que le han enseñado. Pero si alguien desea discutirlo, ¡sugiero que guarde sus argumentos para el Juicio Final e intente discutir cara a cara con su Salvador y Creador, Jesucristo!

Llamado el sábado desde la creación

Continuando con Éxodo 20, veamos un último hecho de importancia vital.
En el versículo 11 leemos: "Porque en seis días hizo el Eterno los cielos y la tierra... y reposó en el séptimo día; por tanto, el Eterno bendijo el día de reposo y lo santificó".
¿Cuándo bendijo y santificó Dios el séptimo día? Leemos en Génesis 2.3, como se explicó anteriormente, que lo bendijo y lo santificó aquel séptimo día de la semana de la creación. Este mandamiento dice claramente: "el Eterno bendijo el día de reposo". Lo bendijo y santificó el día después de la creación de Adán y Eva. Y lo que bendijo entonces, según Éxodo 20.11, fue el día de reposo. Era el día de reposo de Dios desde la primera semana de la creación.
Muchos han utilizado el argumento falaz de que Dios jamás hizo el sábado hasta que dio los Diez Mandamientos en el monte Sinaí. Pero aquí se dice claramente que el séptimo día de la semana de la creación, que entonces fue bendecido y santificado por DIOS, era desde entonces el día sábado. Además, como ya se probó de manera enfática, el sábado ya existía y era el día santo de Dios antes de que los hijos de Israel llegaran al monte Sinaí, como lo demuestra Éxodo 16.
Así pues, el Señor Jesucristo, siendo el "Verbo" (Juan 1.1) o el Yahvé (en hebreo "YHWH") de Génesis 2, quien hizo todo lo que fue hecho, hizo también el sábado, como afirmó claramente Jesús en Marcos 2.27. Es una de las cosas que Él hizo, y fue hecho el séptimo día de la primera semana, la semana de la creación. El día del sábado ha existido desde la creación, y dos milenios más tarde, este mismo Señor, la persona de la Divinidad que se convirtió en Jesucristo, ¡mandó a su pueblo santificarlo! ¡Y unos dos mil años después dijo que Él es Señor de ese día!

Capítulo Cuarto

Un pacto especial y eterno


LOS HOMBRES REBELDES buscan todos los argumentos del razonamiento humano para justificar el olvido de aquello que Dios nos ha mandado recordar! Por ello, muchos han recurrido al argumento, carente de autoridad bíblica, desde luego, de que los Diez Mandamientos fueron abolidos en la cruz. Empero, nunca se detienen a pensar que si no hay ley, entonces no hay trasgresión, como dice claramente Pablo en Romanos 4.15, y así nadie ha pecado desde la crucifixión. Por lo tanto, ¡no necesitaríamos un Salvador!
Sin embargo, aunque fuera cierto este argumento pervertido e ilusorio, si Dios, habiendo abolido sus Diez Mandamientos en la cruz, hubiese impuesto otra vez nueve de ellos en el Nuevo Testamento para eliminar el sábado, como enseñan muchos, ¡aún así no tendrían excusa!
¡Pero lo cierto es que Dios hizo del sábado un pacto separado y válido para siempre!

Pacto completo

Recordemos que Dios no agregó nada a la ley de los Diez Mandamientos (Deuteronomio 5.22). Ninguna otra ley o pacto que haya llegado más tarde forma parte de la misma, sino que constituye una ley aparte. Esto lo dice claramente Pablo: "Un pacto, aunque sea de hombre, una vez ratificado, nadie lo invalida, ni le añade" (Gálatas 3.15). La ley de los Diez Mandamientos es completa; Dios no le añadió nada. Además, el Antiguo Pacto fue ratificado, según se describe en Éxodo 24.4-8. No se le puede agregar nada.
Más tarde, después de completados, ratificados y puestos en vigencia tanto los Diez Mandamientos como el Antiguo Pacto o Testamento, Dios hizo otra alianza eterna y totalmente separada, con su pueblo.

¿Por qué el sábado?

Dios no hace nada en vano, es decir, sin ningún propósito bueno y útil. Cuando Él realiza o hace algo, siempre tiene un motivo, un propósito importante.
Dios creó al hombre y lo puso sobre la Tierra. Pero el hombre ha perdido la noción de su propósito. Dios tenía un motivo importante. Nos puso aquí con un gran propósito.
Por medio de "el Verbo" (Juan 1.1-3), que se hizo hombre, Dios creó el sábado. Lo creó para el hombre.
¿Por qué?
¿Qué fin cumple el día sábado? ¡La humanidad también ha perdido la noción de aquel gran propósito! Jesucristo dijo (Marcos 2.27-28) que había sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. Pero en aquella ocasión únicamente dijo para quién (o por causa de quién) había sido hecho, no por qué o cuál era el motivo, salvo el de servir y beneficiar al hombre.
Por eso tiene importancia el pacto del día sábado que es especial y distinto, y revela el motivo, el propósito básico. Estudiémoslo, pues, detenidamente. Se encuentra en Éxodo 31.12-17.

El pacto especial del sábado

"Habló Yahvé a Moisés diciendo: Habla tú a los hijos de Israel y diles: No dejéis de guardar mis sábados..." (Biblia de Jerusalén). Veamos de nuevo, cuál es el "día del Señor". El Eterno llama los días sábados "mis sábados". Los sábados, pues, son de Él. No nos pertenecen a nosotros, sino al Señor. No son los sábados "de los judíos" ni "de los gentiles". El sábado es un lapso de tiempo. Dicho tiempo, cuandoquiera que llegue, no es nuestro, sino de Dios. Si lo tomamos para nosotros, para nuestro uso particular, ya sea con el fin de trabajar o de divertirnos, ¡le estamos robando ese tiempo a Dios!
Veamos de nuevo. Él dijo: "No dejéis de guardar mis sábados". En Éxodo 20.8 vimos que nos mandó "santificarlo". Dios lo hizo tiempo santo y nos mandó conservarlo así. No nos mandó profanar lo que para Él es sagrado.
Ahora estudiemos un poco más esta alianza especial: "guardaréis mis días de reposo; porque es señal entre mí y vosotros por vuestras generaciones, para que sepáis que yo soy el Eterno que os santifico" (Éxodo 31.13).
¡Nótelo bien! He aquí el propósito del día sábado: "...porque es señal..." ¿Qué es una señal?
Al pasar por las calles principales del sector comercial de una ciudad, vemos por todos lados señales o letreros que identifican almacenes, oficinas y fábricas.
Una señal es un símbolo, un distintivo o marca de identidad. Cuando vemos el letrero "A. J. Pérez, seguros y propiedades", éste identifica al dueño del establecimiento y la clase de negocio de que se trata.
El diccionario define "señal" como: "Marca que se pone a una cosa para distinguirla de otras. Signo que sirve para recordar una cosa. Placa o anuncio en las vías de comunicación para indicar algo..." También tiene significados técnicos especiales para matemáticas, medicina y astronomía, etc.
La palabra escrita por Moisés en el idioma hebreo y traducida "señal" es owth, y el diccionario hebreo-inglés la define como: "una seña, bandera, seña luminosa, monumento, evidencia, etc.; marca, milagro, distintivo". Las banderas identifican a las naciones. La seña luminosa se utiliza para advertir la presencia de algo. Un distintivo es una señal visible que sirve para identificar y dar a conocer algo, como la bandera blanca que es señal de rendición.
Dios mandó a su pueblo guardar el sábado como señal. Es una señal entre su pueblo y Él: "...Es señal entre mí y vosotros". Es una placa que identifica. Advierte o indica cierto conocimiento que distingue o identifica. ¿Pero qué conocimiento? Dios responde: "…para que sepáis que yo soy el Eterno que os santifico".
¡Pongamos doble atención a estas palabras! ¡Es la señal que identifica quién es su Dios! ¡Por esta señal se nos hace saber que Él es el señor! ¡Ella identifica a Dios!

El propósito del día sábado

Dios dio al hombre su día sábado para mantener vivos en él el verdadero conocimiento y el verdadero culto del Dios verdadero.
Mas, ¿cómo identifica el día sábado a Dios? ¿Cómo nos señala al verdadero Dios, y no al falso? ¿No cumple el domingo con este mismo propósito?
¡De ninguna manera!
Veamos claramente lo que dice esta alianza especial del día sábado: "Señal es para siempre entre mí y los hijos de Israel; porque en seis días hizo el Eterno los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó y reposó" (Éxodo 31.17).
Fue en el séptimo día de la semana de la creación que descansó el Eterno de aquel trabajo. No fue el domingo, el primer día de la semana. Únicamente el séptimo día de la semana señala hacia la creación.
Pero, ¿cómo identifica ello quién es Dios?
Si usted cree que Dios es cualquier otro, o cualquier otra cosa, le daré pruebas de que el Dios mío es el verdadero, pues cualquier otra cosa que usted tenga por Dios fue creada o hecha por el Dios verdadero. Aquel que hizo y creó todo lo demás es mayor que aquello que hizo, y superior a todo aquello que pudiera llamarse Dios.
La creación es la prueba de Dios, de su existencia. ¡Es el acto de la creación lo que lo identifica!
Así pues, Dios tomó lo más perdurable, lo más imperecedero que conozca el hombre, un lapso de tiempo recurrente, el único día que recuerda el acto de la creación. Tomó el único día que nos señala constantemente la existencia del Todopoderoso, el Creador, ¡cada séptimo día de la semana!
Y Dios apartó aquel día en particular de los demás haciéndolo su día. Lo hizo sagrado y lo santificó para sí, designándolo como el día en que manda a su pueblo reunirse para adorarle. Dios ordenó al hombre descansar de su propio trabajo y deleite físico, y reposar durante ese día, reuniéndose a rendir culto obediente con otros en espiritual fraternidad.
Ningún otro día es un memorial o recordatorio de la creación. Ciertamente Satanás ha engañado a un mundo incauto haciéndole pensar que la resurrección de Cristo tuvo lugar al amanecer de un día domingo - lo que ha sido siempre el momento de la adoración pagana al Sol. ¡Mas ello no es verdad! Pida nuestro folleto gratuito ¿En qué días ocurrieron la crucifixión y la resurrección? Le sorprenderá, pues este folleto contiene la verdad que usted podrá verificar en cualquier biblioteca pública.
¡La resurrección de Cristo ocurrió un sábado y no un domingo! Además, en ningún lugar de la Biblia nos dice Dios que debemos celebrar el día de la resurrección de Cristo. Ésta es una costumbre de los hombres, ¡contraria a los mandamientos de Dios!
Así pues, hemos encontrado un gran propósito del día sábado: ¡identifica a Dios! El día apartado por Él para la reunión y culto nos señala, como a un memorial, a quién debemos adorar: ¡al Creador y Soberano de todo lo que existe!

¡Mas ello no es todo!
¡El sábado también fue dado como señal que identifica quiénes son el pueblo de Dios y quiénes no!
¡Nótese! Este pacto especial no sólo dice: "...para que sepáis que yo soy el Eterno...", sino que agrega: "...que os santifico" (Éxodo 31.13).
¡Veamos el tremendo significado de este pronunciamiento!
¿Qué significa la palabra "santificar"? Significa "apartar para uso o propósito santo". En el séptimo día de la semana de la creación, Dios santificó - es decir, apartó para uso sagrado - el sábado. Mas ahora vemos, en palabras de Dios, que es una señal por la cual Él también santifica, aparta de los demás como algo propio, para su santo propósito, a aquellos que constituyen su pueblo.
En los tiempos del Antiguo Testamento, su pueblo era la congregación de Israel. En los tiempos del Nuevo Testamento, su pueblo lo constituye la propia Iglesia de Dios, ¡los cristianos realmente convertidos y engendrados del Espíritu!
¿Cómo el sábado aparta a aquellos que constituyen el verdadero pueblo de Dios? Pues bien, si usted ha comenzado a guardar el sábado del Señor tal como Él manda, la experiencia misma le habrá dado la respuesta. Si no lo ha hecho, empiece a santificar el día sábado como Él lo ha ordenado y pronto verá que usted es apartado automáticamente de todos los demás.
El sábado es la señal de Dios, que no sólo lo identifica como el Creador-Soberano, sino que también identifica a aquellos que realmente son de Él.
Pero, ¿cómo?

Definición de Dios

Aún puedo dar otra definición de Dios. Aunque el único Dios verdadero y sabio es el gran Creador-Soberano del universo, existen numerosos dioses falsos e impostores. Satanás se hace pasar por Dios ante los crédulos y así la Biblia le llama "el dios de este siglo" (2 Corintios 4.4). Los ídolos fueron adorados como dioses, y todavía lo son, aun por gente que se considera "cristiana". Aquello que usted sirve y obedece, sea lo que fuere, constituye su dios (Romanos 6.16).
El nombre Señor significa soberano, amo, jefe, ¡aquel a quien usted obedece! Jesús exclamó: "¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?" (Lucas 6.46). ¡Si no le obedecían, no era Él su Señor! Entonces, ¿por qué le llamaban Señor si no lo era?
De nuevo Jesús les dijo: "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos" (Mateo 7.21). Sólo quienes obedecen a Dios pueden ser sus hijos y entrar en su Reino.
Veamos nuevamente: "¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis?" (Vea nuevamente Romanos 6.16).
¡Cuán significativo! ¡El mandamiento del día sábado es el único de los diez que constituye una señal para identificar a los verdaderos cristianos hoy y siempre! ¡Es el verdadero mandamiento de prueba! El mundo está dispuesto a reconocer los otros nueve mandamientos, ¡pero contra éste se rebela positivamente! ¡Es el que constituye la prueba esencial de obediencia!
Identifica a quienes han entregado su voluntad a Dios, a los que le obedecen, sin importar la persecución o las consecuencias que tengan que sufrir.
¡Sí, el sábado aparta, separa a quien lo guarda del resto del mundo! ¡Lo distingue marcadamente!
¡Qué señal! Identifica al Dios verdadero en el mismo día apartado por Él para la reunión y el culto. ¡Identifica a su pueblo verdadero!

Pero ¿constituye un pacto?

He dicho que Dios hizo del día sábado un pacto separado, eterno y perpetuo, enteramente independiente de lo que llamamos "el Viejo Pacto" o "Antiguo Testamento" concertado en el monte Sinaí.
Entonces,¿cómo es un pacto?
Definamos esta palabra. El diccionario la define como: "Concierto o asiento en que se convienen dos o más personas o entidades que se obligan a su observancia". Un pacto es un concierto, contrato o acuerdo por medio del cual una parte promete ciertas recompenses o premios a cambio de un determinado comportamiento de la otra parte.
El Antiguo Pacto (o Testamento) concertado entre Dios y los hijos de Israel en el monte Sinaí imponía al pueblo ciertos términos y condiciones que éste debía cumplir: acatar los Diez Mandamientos. Prometía la recompensa de convertir a Israel en una nación "sobre todos los pueblos". Las promesas eran puramente nacionales y materiales, para este mundo. El Nuevo Pacto (o Nueva Alianza) está fundado sobre mejores promesas (Hebreos 8.6), que consisten en la "herencia eterna" (Hebreos 9.15).
Una vez firmado, sellado o ratificado un pacto, una vez confirmado, no se le puede agregar nada (Gálatas 3.15). Todo lo que figure por debajo de la firma no forma legalmente parte del convenio. Leemos la descripción de cómo fue celebrado el Antiguo Pacto, y cómo fue sellado con sangre, en Éxodo 24.6-8. Nótese que el versículo 8 termina con las palabras "del pacto que el Eterno ha hecho con vosotros". Para entonces ya estaba hecho y completo.
Luego, siete capítulos después, llegamos al concierto del pacto especial y eterno del sábado. Por lo tanto, ¡no forma parte de la Antigua Alianza!
Mas cabe preguntar: ¿constituye un pacto?
¡La Biblia dice que sí lo es! Veamos Éxodo 31.16 "Guardarán, pues, el día de reposo los hijos de Israel, celebrándolo por sus generaciones por PACTO perpetuo".
"Perpetuo" significa continuo e ininterrumpido. Mas, ¿había de durar para siempre? Lea el versículo siguiente: "Señal es para siempre entre mí y los hijos de Israel".
Ahora bien, ¿cuál es la condición? ¡Guardar santo el día sábado! "Porque santo es a vosotros", dice Dios en el versículo 14. ¿Y cuál es la recompensa prometida por cumplir esta condición? No se trata sólo de una señal, sino también de un pacto o convenio "entre mí y vosotros", dice Dios, "para que sepáis que yo soy el Eterno que os santifico".
¡Aquí, pues lo tenemos! ¡Dios promete santificarlos, apartarlos como algo santo, como su pueblo santo! ¿Se puede pedir una promesa mayor?
Sí, ¡es un pacto! Un pacto separado y totalmente distinto. Aunque se intente argüir que el Antiguo Pacto (o Testamento) fue "abolido" y que por ende los Diez Mandamientos también, no se puede sostener que esta alianza habría de durar sólo "hasta la cruz". Este pacto estaría en vigencia "por vuestras generaciones" (versículo 13), "pacto perpetuo" (versículo 16), "para siempre" (versículo 17).

¿Una señal sólo para Israel?

"Sí", responde el rebelde, quien busca con argumentos librarse de la obediencia, "pero es un pacto entre Dios y los hijos de Israel. Es para todas las generaciones de Israel, entre Dios y los israelitas para siempre".
¡Ciertamente!
Nadie puede negar que esto obliga al pueblo de Israel a guardar el sábado para siempre y por todas sus generaciones, perpetuamente. Sus generaciones aún perduran, por lo cual la obligación persiste para ellos hoy.
Pero por otra parte, debemos reconocer también que la salvación y la cristiandad están abiertas a los judíos (israelitas) y a todos los gentiles. El evangelio es el poder de Dios "para salvación a todo aquel que cree; al judío [israelita] primeramente, y también al griego [gentil]" (Romanos 1.16).
¡De manera que el judío puede ser un cristiano converso! ¡De hecho, al principio la Iglesia era casi totalmente judía! Así pues, el judío, aunque sea un cristiano en la Iglesia de Dios, está obligado a guardar el sábado del Eterno como un pacto perpetuo, a lo largo de todas sus generaciones, ¡para siempre!
Ahora bien, ¿tiene Dios dos clases de cristianos? ¿Constituye un pecado para el cristiano judío quebrantar el sábado, y pecado para todos los demás guardarlo? ¿Deben los cristianos judíos reunirse el sábado y los de otras nacionalidades el domingo? ¿No dijo Jesús que una casa dividida no se mantendría en pie? (Ver Marcos 3.25).
¿Existen dos clases de cristianos? ¿Qué nos dice Pablo en Romanos 3.29 sobre este particular?: "¿Es Dios solamente Dios de los judíos [israelitas]? ¿No es también Dios de los gentiles? Ciertamente, ¡también de los gentiles!". Y aun más, en Gálatas 3.28-29: "Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros [gentiles] sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa".
Así pues, siendo el sábado obligatorio hoy para los judíos [israelitas] en la Iglesia de Dios, y no existiendo diferencia alguna (somos todos uno en Cristo), ¡entonces también es obligatorio para los gentiles!

¿El "sábado judío"?

¿Por qué al sábado se le llama despectiva y burlonamente el "sábado judío"? ¿Por qué cree el mundo que todos los israelitas son judíos, y que los judíos son todos los israelitas?
¡Tengo una sorpresa para quienes así lo han creído! Aunque usted no lo crea, el pueblo judío constituye apenas una minoría de los israelitas. El primer pasaje en la Biblia donde se hace referencia a los judíos ("hombres de Judá") es en 2 Reyes 16.5-6, y créalo o no, allí vemos al reino de Israel, aliado con Siria en una guerra contra los judíos.
Por extraño que parezca, los hijos de Israel se habían dividido, convirtiéndose en dos naciones diferentes. Una era el reino de Israel cuya capital no era Jerusalén sino Samaria. La otra era el reino de Judá, con su capital en Jerusalén. ¡Ahora lea la extraña historia! Se encuentra en 1 Reyes, capítulo 12.
Muerto el rey Salomón, el pueblo de la nación de Israel se rebeló contra el exceso de impuestos. El anciano y sabio Salomón había vivido en medio de lujos y esplendores quizá jamás igualados antes ni después. Para financiar sus grandes empresas, simplemente aumentaba los impuestos.
El pueblo exigió al rey Roboam, hijo de Salomón, una reforma. Mas él era joven aún y tenía ideas jóvenes. Se había rodeado de "cerebros juveniles" que abrigaban también ideas peregrinas, y su consejo fue: "Dile al pueblo que les demostrarás quién es su amo. Cóbrales tributos aún mayores de los que cobró tu padre". Roboam despreció los consejos de los ancianos y líderes más experimentados, pues para él, constituían los reaccionarios de su época.
Entonces el pueblo planeó una gigantesca rebelión. Rechazó a Roboam, y estableció como rey a Jeroboam, quien había ocupado un alto cargo bajo el rey Salomón.
Mas la tribu de Judá disintió, pues Roboam pertenecía a ella y deseaban conservarlo como rey. Así fue que la tribu de Judá se separó de la nación de Israel, y formó un reino independiente llamado el reino de Judá. A ellos se agrego la tribu de Benjamín. Entonces se les conoció por el nombre de judíos, nombre gentilicio (o apodo) dado a los del linaje de Judá.

Israel perdió la señal

En ninguna parte de la Biblia se llama judíos a los de la nación de Israel compuesta por las restantes diez tribus. Ese nombre se aplica únicamente al reino de Judá. Los judíos sí son israelitas, ¡pero sólo una parte de los israelitas (aquellos de la tribu de Judá) son judíos!
Casi enseguida de su proclamación como rey, Jeroboam sintió el temor de que cuando su pueblo viajara a Jerusalén para asistir a las fiestas anuales, vería de nuevo a Roboam y desearía que fuese su rey nuevamente. Entonces actúo rápidamente para proteger su posición.
La tribu de Leví constituía el sacerdocio. Eran los líderes, los de mayor educación. Jeroboam optó por degradar de un solo golpe a los levitas, y estableció como sacerdotes a los más bajos e ignorantes del pueblo. A ellos los podría controlar y de esa manera controlaría también la religión del pueblo. Así, muchos, quizá la mayoría de los levitas, regresaron al reino de Judá y se conocieron como judíos.
Inmediatamente, Jeroboam erigió dos grandes ídolos para que los adorara el pueblo. Dio orden de que las fiestas del otoño (Fiesta de Tabernáculos) se observaran en el octavo mes, en vez del séptimo, y en un lugar situado al norte, escogido por él, en vez de Jerusalén, como lo había ordenado Dios (1 Reyes 12.28-32). También cambió el día de reposo del día séptimo al octavo, es decir al día que le sigue al séptimo, o sea el primero de la semana.
La casa de Israel, compuesta por las 10 tribus, continuó en los dos pecados básicos de Jeroboam durante los gobiernos de 19 reyes sucesivos y de nueve dinastías. Más tarde otros reyes agregaron otras idolatrías.

Israel esclavizada

Mas en los años 721-718 a.C., Dios hizo que la casa de Israel fuese invadida y conquistada por el reino de Asiria. Sus habitantes fueron despojados de sus fincas y de sus ciudades, y en calidad de esclavos fueron llevados a Asiria sobre las costas sureñas del mar Caspio. Pero la casa de Judá, los judíos, que constituían una nación separada y distinta, no fue invadida hasta el año 604 a.C.
Dos o tres generaciones después del cautiverio de Israel, los caldeos surgieron como potencia mundial y formaron el primer imperio de soberanía mundial. Bajo Nabucodonosor, los caldeos (Babilonia) invadieron a Judá (604-585 a.C.).
Más tarde, los asirios abandonaron sus tierras al norte de Babilonia y emigraron hacia el noroeste por las tierras que ahora son Georgia, Ucrania y Polonia hasta la tierra que al presente es Alemania. Hoy, los descendientes de aquellos asirios los conocemos como el pueblo alemán.
Las gentes de las diez tribus de Israel también emigraron hacia el oeste. Aunque los asirios habían llevado a Israel en cautiverio, los israelitas no permanecieron esclavos suyos en Europa sino que prosiguieron más adelante hasta Europa Occidental, ¡a la península escandinava y las Islas Británicas!
Ahora bien, ¿por qué se les conoce como las "diez tribus perdidas"?
¡Habían perdido su señal nacional, la que los identificaba!
El rey Jeroboam había cambiado su día de culto, del séptimo al primer día de la semana, ¡al día del Sol, que era domingo! Todos los reyes siguientes conservaron esta práctica, como también la idolatría. Mientras permanecieron en la tierra de Israel y se llamaron a sí mismos "el reino de Israel", se les reconoció su identidad. Pero en Asiria ya no constituían una nación con gobierno y rey propios. No eran sino esclavos. Las nuevas generaciones adoptaron el idioma de los asirios y olvidaron el hebreo. Perdieron toda su identidad como nación.
Las diez tribus, conocidas como la casa de Israel, perdieron su marca de identidad, que era el sábado de Dios. ¡Es por eso que perdieron su identidad nacional!

Por qué se reconoce al pueblo judío

¡Pero los hijos de Judá sí guardaron el día sábado! No lo mantuvieron santo mucho tiempo, ni lo guardaron a la manera de Dios, pero sí lo mantuvieron, y aún lo mantienen hoy, como el día de descanso que reconocen y observan.
¿El resultado? ¡El mundo entero ve en ellos al pueblo escogido por Dios! El mundo cree que son Israel, ¡y no sólo Judá!
¡La identidad del pueblo judío no se ha perdido! Y puesto que se conoce su identidad como descendientes raciales de la antigua Israel, mientras que se ignora la de las "diez tribus perdidas", el mundo supone que los judíos son Israel en vez de Judá.
Nuevamente, el mundo entero está engañado, aun en cuanto a quiénes constituyen, por derecho de primogenitura, el verdadero pueblo escogido de Dios.
Sí, el sábado, el verdadero día del Señor, es, después de todo, el día indicado para todos los cristianos, ya sean judíos (israelitas) o gentiles - porque es el día que identifica al pueblo de Dios. Es el día que Dios santificó y ordenó a su pueblo mantenerlo santo.

Capítulo Quinto

¿Qué día para los Cristianos Gentiles?

Más aún se podría argüir: "¿No fue el pacto del día sábado únicamente para Israel? ¿No están excluidos los gentiles? ¿No era su propósito el de identificar a los israelitas como separados y distintos de los gentiles?" La respuesta es ¡no! ¡Entendámoslo! ¡Pongámoslo muy en claro! ¿Excluidos los gentiles?

Dios hizo la alianza del día sábado en primer lugar para identificar al Dios verdadero como diferente y totalmente apartado de los dioses falsos, y en segundo lugar, para identificar a quienes constituyen su pueblo, también diferentes y apartados de aquellos que no lo son.
No lo hizo para distinguir entre dos clases de pueblos de Dios, es decir, por ejemplo, entre dos clases de cristianos, los nacidos judíos y los nacidos gentiles. Dios no tiene dos clases de cristianos - judío y gentil, varón y mujer. Los cristianos somos todos uno en Cristo Jesús (Gálatas 3.28).
¡Comprendámoslo!
En los días del Antiguo Testamento, ¡los israelitas eran el único pueblo de Dios sobre la Tierra! Y el sábado era la señal que los identificaba como el pueblo de Dios.
¿Ha leído usted, en Oseas, que Dios representó a la casa de Israel (el reino de las diez tribus) como "Lo-ammi", que significa "No sois mi pueblo"? (Oseas 1.9). El motivo fue que habían rechazado el sábado de Dios, siguiendo la costumbre del rey Jeroboam de guardar el primer día de la semana (que hoy se llama domingo) como su "sábado" o "día de reposo".
"Por tanto", dijo Dios a esta nación idólatra que rechazó el sábado, "he aquí yo rodearé de espinos su camino, y la cercaré con seto, y no hallará sus caminos" (Oseas 2.6). Es decir, la casa de Israel se extraviaría en su migración desde el cautiverio en Asiria, rumbo al noroccidente hacia Europa y hasta las costas del Atlántico, Escandinavia y la Gran Bretaña; perdería su identidad; se perdería, - ¡las diez tribus perdidas!
Léanse los dos primeros capítulos de Oseas, pues constituyen una profecía para la casa de Israel, la de las diez tribus, ¡Donde se muestra cómo ha perdido toda noción de quién es su verdadero Dios!

Una profecía para hoy

¡Nótese! "Y ella no reconoció que yo le daba el trigo, el vino y el aceite, y que le multipliqué la plata y el oro que ofrecían a Baal" (Oseas 2.8).
¡Esto representa a los Estados Unidos y la Gran Bretaña de hoy! Dios les ha concedido a estas naciones la riqueza nacional sin precedentes que prometió a Abraham incondicionalmente, no por los pecados de dichas naciones, sino por la obediencia de Abraham. Mas, ¿cómo han utilizado ellos esta riqueza? En el culto a Baal, en el día de Baal, dios del Sol, llamado ahora domingo, en inglés Sunday (día del Sol).
Veamos, pues, en el versículo 9, lo que hará Dios:
"Por tanto, yo volveré y tomaré mi trigo a su tiempo, y mi vino a su sazón...", es decir, ¡el hambre que ya se vislumbra en sus primeros años, la cual fue profetizada por Joel y Ezequiel, por Cristo y en el Apocalipsis! Sí, ¡es una profecía para nuestros tiempos! Está comenzando ya, mientras usted lee esto.
¡Continuemos! Nótese que más hará Dios: "Haré cesar todo su gozo, sus fiestas, sus nuevas lunas y sus días de reposo..." - no los sábados de Dios sino los de Baal, los que ellos llaman sus días de reposo: ¡el domingo! (Versículo 11).
Luego dice Dios: "Y la castigaré por los días en que incensaba a los baales... y se olvidaba de mí, dice el Eterno" (versículo 13).
Durante mas de 38 años, en el programa El Mundo de Mañana y en la revista La Pura Verdad, he advertido al pueblo de los Estados Unidos sobre las profecías de Dios... avisándole que tendrán sequías y epidemias de tales proporciones ¡que harán sucumbir a la tercera parte de sus habitantes! Y si como nación no despiertan pronto y se arrepienten de estos pecados, serán invadidos y tomados en cautiverio, como esclavos. El rector podrá burlarse. Podrá restarle importancia. ¡Mas no por mucho tiempo! En un futuro próximo esto se cumplirá... ¡y cesarán las burlas!
¿Cómo finaliza esta profecía de Oseas?
¡Leámoslo!
"Pero he aquí que yo la atraeré [a Israel] y la llevaré al desierto [a la esclavitud y el cautiverio], y hablaré a su corazón... En aquel tiempo [a la segunda venida de Cristo], dice el Eterno, me llamarás Ishi [mi marido, en hebreo], y nunca más me llamarás Baali. [Mi Señor]. Porque quitaré de su boca los nombres de los baales, y nunca más se mencionarán sus nombres. En aquel tiempo haré para ti pacto [el nuevo pacto]... y diré a Lo-ammi [es decir, a los que no son mi pueblo: las diez tribus "perdidas"]: Tú eres pueblo mío, y él dirá: Dios mío" (Oseas 2.14-23).
El lector probablemente nunca antes comprendió la profecía de Oseas. Es imposible comprenderla realmente sin antes conocer el pacto del día sábado, de Éxodo 31.12-17.
Ahora, volvamos a la pregunta inicial de este capítulo.
Este pacto especial del día de reposo, ¿acaso no excluye a los gentiles? ¿Fue su objeto identificar a Israel como algo distinto y separado de los gentiles?
Cuando Israel rechazó esta señal de identificación, ella ciertamente no continuó identificándolos. No los distinguió de los gentiles; Israel llegó a creerse también gentil. Los pueblos gentiles del mundo los llamaron gentiles. ¡El pueblo judío los llamó gentiles!
Los judíos continuaron reconociendo el sábado... ¡y el mundo entero los llamó "el pueblo escogido"!

¡Una luz para los gentiles!

Entonces, ¿por qué celebró Dios este pacto especial y perpetuo del sábado con Israel y no con las naciones gentiles?
Sencillamente porque todas las naciones gentiles se habían desvinculado totalmente de Dios. Todas se habían entregado a la idolatría. Ninguna conocía al Dios verdadero.
Sencillamente, porque Dios había tomado un pueblo esclavizado y oprimido, mas un pueblo de buen linaje (descendiente de Abraham) y lo convirtió en nación suya.
Sencillamente porque Dios concedió sus caminos rectos a este pueblo escogido que constituyó su nación. ¿Por qué lo hizo?
¡Para que fuese una luz para los gentiles!
¡Dios lo hizo para demostrar a todos los pueblos del mundo las bendiciones que acarrearía el acatamiento a sus leyes! ¡Para dar ejemplo a las demás naciones!
Dios concedió sus caminos rectos, y todas sus promesas, incluyendo la salvación a través de Cristo, con el fin de que dichos caminos y dichas bendiciones fuesen conocidas y accesibles para los gentiles.
Todas las demás naciones habían perdido el conocimiento de Dios; habían perdido la noción de su identidad. Sus antecesores supieron alguna vez quién era Dios, pero se habían creado en sus mentes tantos dioses y semidioses ficticios e imaginarios (como intermediarios entre el hombre y el único Dios supremo), que toda noción del Dios único se había borrado.
Y lo cierto es que Dios siempre ha puesto su verdad a la disposición del hombre, ¡y ha decretado que el hombre, quien está dotado de libre albedrío, debe escoger! Él no permite que el hombre decida qué es pecado. Mas obliga a cada uno a decidir si pecar o no. Dios ha dictado que el quebrantamiento del día sábado es pecado. ¡Usted tiene que decidir! ¡Y lo que sembramos, eso también cosechamos!
Los hijos de Adán tomaron sus decisiones; Abel lo hizo correctamente, y Cristo lo llamó justo. ¡Su recompensa está asegurada! Caín tomó la decisión errónea y selló su propio destino. Casi 2.000 años más tarde, hubo prácticamente un solo hombre en la Tierra que obedecía a Dios: Noé. Más tarde, Sem aparentemente escogió el camino de la obediencia a Dios, pero después del diluvio todos siguieron a Nimrod, fundador de la civilización de este mundo. La humanidad se rebeló.

¿Por qué la nación de Israel?

Cuando reinaba la situación descrita: un mundo apartado de Dios - el Eterno llamó a un pueblo despreciado, humillado, esclavizado. Aparentemente la naturaleza humana y la degradación del hombre son tales, que tan sólo la opresión, la esclavitud y el sufrimiento lo humillan lo suficiente para que, desprovisto de toda esperanza y sin nada más a qué acudir, escuche y obedezca al Creador. Mas no olvidemos que, aunque reducidos a la esclavitud por las circunstancias, los israelitas eran un pueblo de buen abolengo - ¡eran los descendientes de Abraham, "amigo de Dios" (Santiago 2.23), a quien el Eterno había prometido: "Haré de ti una nación grande y te bendeciré..." (Génesis 22.15; 35.11). Y como "se acercaba el tiempo de la promesa" (Hechos 7.17), ¡Dios se proponía ahora dar a las demás naciones una oportunidad por medio de este pueblo escogido, Israel!
De ellos dijo Dios: "Este pueblo he creado para mí", es decir, para ser su instrumento, para que las naciones gentiles viesen los resultados deseados y las enormes bendiciones y prosperidad nacional que serían de Israel si obedecía. "Mis alabanzas publicará" (Isaías 43.21).
Los israelitas, desde luego, eran humanos - tenían naturaleza humana. Ni siquiera Israel, para quien Dios realizó milagros estupendos y asombrosos, acató los caminos de Dios por largo tiempo. Mas por medio de ellos Dios ha refutado todas las excusas que los humanos puedan tener para no obedecer sus caminos. ¡La humanidad ha tenido todas las oportunidades para arrepentirse de su proceder!
Más tarde, durante y después del ministerio terrenal y humano de Cristo, Dios utilizó - y está utilizando - a su Iglesia. Cristo llamó a la Iglesia como un pueblo especial, escogido, ¡no solamente para predicar su Evangelio al mundo, sino también para mostrarle al mundo los resultados deseados que acarrea la obediencia! ¡Así como la antigua Israel, la Iglesia fue llamada para ser una luz para el mundo!
"Vosotros sois la luz del mundo", dijo Jesús a sus discípulos. "Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras" (Mateo 5.14-16). Es decir, dad el ejemplo. ¡Que el mundo vea los resultados felices!
Los caminos rectos de Dios, que Él creó como leyes vivientes e inexorables, no son únicamente para el pueblo de judío. ¡Son para la humanidad entera! El sábado se hizo para el hombre - para todos los humanos - y no sólo para los judíos.
Los efesios eran gentiles, pero escucharon el Evangelio de Cristo, se arrepintieron y creyeron - obedecieron. Llegaron a ser cristianos convertidos.
A estos cristianos nacidos gentiles, Pablo escribió: "Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne... estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo... ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios" (Efesios 2.11-19).

Los gentiles no están excluidos

Para ser un cristiano converso, es preciso ser israelita, espiritualmente. La salvación, como se citó antes, es "a todo aquel que cree; al judío [israelita] primeramente, y también al griego [gentil]" (Romanos 1.16).
Pero, ¿acaso no estaban excluidos los gentiles bajo el antiguo pacto?
¡De ninguna manera!
Lo que Dios concedió a Israel era para los gentiles también.
Los gentiles siempre podían entrar en la congregación (iglesia) de Israel, y muchos lo hicieron. Aun desde el primer momento en que partieron de Egipto, "...también subió con ellos grande multitud de toda clase de gentes" (Éxodo 12.38). Esta grande multitud eran gentiles.
En las instrucciones para la celebración de la Pascua, Dios dijo: "Mas si algún extranjero [gentil] morare contigo, y quisiere celebrar la pascua para el Eterno, séale circuncidado todo varón, y entonces la celebrará, y será como uno de vuestra nación" (Éxodo 12.48). Y en el versículo 49: "La misma ley será para el natural, y para el extranjero que habitare entre vosotros".
Siempre fue permitido a los gentiles convertirse en ciudadanos naturalizados de Israel, y millares lo hicieron.
Ahora, el profeta Isaías nos dice, en una profecía, para hoy, si el sábado era o no únicamente para los judíos.

¡El día de reposo para los gentiles hoy!

Jesucristo dijo que el sábado fue hecho pare el hombre. No solamente para los judíos, no solamente para los israelitas, sino ¡para el hombre! ¡Se hizo para Adán! Se hizo para el hombre, en el siglo 20... ¡y en el siglo 21!
Ahora, leamos la profecía de Isaías 56, comenzando con el versículo 1.
¡Nótese, ante todo, que emana de la suprema autoridad!
"Así dijo el Eterno..." Esta es nuestra autoridad.
Prosigamos: "...Guardad derecho, y haced justicia; porque cercana está mi salvación para venir, y mi justicia para manifestarse".

Ha llegado el momento al cual se aplica esta profecía. ¿Cuándo se manifestará la justicia de Dios? Se explica en Hebreos 9.27-28 (Véase también Apocalipsis 12.10) en donde se habla de la venida de Cristo. Nótese esto: "Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan".
Jesús dijo: "He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra" (Apocalipsis 22.12). ¿El tiempo?: ¡A la segunda venida de Cristo!

Así, pues, el tiempo al cual se refiere la profecía de Isaías es poco antes de la segunda venida de Cristo. ¡Es ya - hoy!

Ahora veamos lo que también dice Cristo, la autoridad suprema:
"Bienaventurado el hombre que hace esto, y el hijo de hombre que lo abraza; que guarda el día de reposo para no profanarlo, y que guarda su mano de hacer todo mal. Y el extranjero [gentil] que sigue al Eterno no hable diciendo: Me apartará totalmente el Eterno de su pueblo" (Isaías 56.2-3).
¡Nótese bien! Que no digan los gentiles, en nuestro siglo 20, convertidos y unidos al Señor Jesucristo, que Él los ha apartado de Israel, pueblo de Dios. No, ¡el sábado NO era, ni es, una señal para separar a los gentiles de los israelitas! ¡Los gentiles NO están excluidos!

Continuemos, versículos 6-7: "Y a los hijos de los extranjeros [gentiles] que sigan al Eterno [que se conviertan en cristianos] para servirle, y que amen el nombre del Eterno para ser sus siervos; a todos los que guarden el día de reposo para no profanarlo, y abracen mi pacto, yo los llevare [a los gentiles] a mi santo monte, y los recrearé en mi casa de oración...".
Ésta es una prueba positiva.
Es un irrefutable "Así dice el Eterno".
El sábado se hizo para el hombre - para la humanidad - tanto para gentiles como para israelitas.
El mismo Dios hizo del sábado una obligación perpetua para todos (Éxodo 31.12-17). Y la perpetuidad no ha terminado.
No, Dios no tiene un camino para el judío y otro para el gentil. No tiene un día para el judío y otro para el gentil. ¡Cristo no está dividido! Dios no hace acepción de personas. (Vea 1 Corintios 1.13 y Hechos 10.34).
¡Todos somos uno en Cristo!

Capítulo Sexto

Por qué fueron esclavizadas Israel y Judá

¿Cuáles fueron los pecados de Jeroboam que tantas veces se mencionan en los libros de los Reyes y Crónicas, en relación con la historia antigua de Israel?
¡Lo que sea pecado para un israelita lo es para un gentil!
Dios tuvo un motivo para poner en vigor su ley. Aquel motivo fue nuestra felicidad. Cada gemido de dolor humano, cada guerra, cada pena y cada tristeza, han sido el resultado del pecado. El pecado nos roba la felicidad, la alegría y la prosperidad.
Dios ama a los humanos. Por tanto, aborrece el pecado, pues este es enemigo del hombre. ¡Dios castiga por el pecado!
Si usted lo toma a la ligera, si cree que Dios no percibe y castiga los pecados, le conviene aprender ahora, de qué manera trató Dios a su pueblo escogido cuando quebrantó su sábado.


Por qué fueron esclavizados los judíos

¿Sabe usted por qué Asiria invadió a Israel, la conquistó y la arrebató de su tierra como esclavos entre 721 y 718 a.C.?
¿Sabe por qué el reino de Judá (los judíos) fue tomado después en cautiverio y dispersado por todo el mundo? ¡Ambas naciones de Israel fueron castigadas como naciones y expulsadas de la Tierra Santa porque quebrantaron el sábado de Dios!
¿Tenía ello alguna importancia? Ciertamente, ¡para Dios sí! Y Él dice que no ha cambiado, que es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos (Hebreos 13.8).
Primero, veamos por qué Judá fue invadida, conquistada, por Nabucodonosor y llevada al cautiverio en Babilonia durante los años 604-585 a.C.
Setenta años después del cautiverio, según la profecía de Jeremías (Jeremías 29.10), muchos de la casa de Judá regresaron a la Tierra Santa pare reconstruir el templo y reanudar el culto allí. El profeta Nehemías nos dice por qué habían sido llevados cautivos y esclavizados 70 años atrás:
"En aquellos días vi en Judá a algunos que pisaban en lagares en el día de reposo, y que acarreaban haces, y cargaban asnos con vino, y también de uvas, de higos y toda suerte de carga, y que traían a Jerusalén en día de reposo; y los amonesté acerca del día en que vendían las provisiones... Y reprendí a los señores de Judá y les dije: ¿Qué mala cosa es esta que vosotros hacéis, profanando así el día de reposo? ¿No hicieron así vuestros padres, y trajo nuestro Dios todo este mal sobre nosotros y sobre esta ciudad? ¿Y vosotros añadís ira sobre Israel profanando el día de reposo?" (Nehemías 13.15-18).
¡Ahí lo tenemos en palabras claras!
¡El quebrantamiento del sábado fue la causa principal del cautiverio de Judá!
Ello tenía tanta importancia para Dios, que castigó a su pueblo escogido con este severísimo castigo nacional: la derrota en la guerra, la pérdida de sus tierras y la esclavitud en una tierra extraña.
Dios define el pecado como la infracción de su ley (1 Juan 3.4). Y su ley dice: "Acuérdate del día de reposo para santificarlo... el séptimo día es reposo para el Eterno tu Dios". Laborar en el día sábado, profanarlo buscando el propio placer, haciendo negocios, etc., constituye un pecado mayor, ¡cuyo castigo es la muerte eterna! (Romanos 6.23).

Los judíos advertidos

La casa de Judá no tenía justificación. Estaban advertidos por los profetas.
Nótese la advertencia divina por boca de Jeremías:
"Así ha dicho el Eterno: Guardaos por vuestra vida de llevar carga en el día de reposo... ni hagáis trabajo alguno, sino santificad el día de reposo, como mandé a vuestros padres... pero si no me oyereis para santificar el día de reposo, y para no traer carga ni meterla por las puertas de Jerusalén en día de reposo, Yo haré descender fuego en sus puertas, y consumirá los palacios de Jerusalén, y no se apagará" (Jeremías 17.21-22, 27).
Esta fue la advertencia, pero la casa de Judá no hizo caso. ¡Veamos pues, qué sucedió!
"Y en el mes quinto, a los diez días del mes, que era el año diecinueve del reinado de Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino a Jerusalén Nabuzaradán, capitán de la guardia [hoy lo llamaríamos General de los Ejércitos o Mariscal de Campo], que solía estar delante del rey de Babilonia. Y quemó la casa del Eterno, y la casa del rey, y todas las casas de Jerusalén; y destruyó con fuego todo edificio grande" (Jeremías 52.12-13).
Cuando Dios advierte, ¡el castigo es seguro!

Por qué fue derrotada Israel

Ahora veamos qué ocurrió al otro reino de israelitas, la casa o reino de Israel, 117 años antes del cautiverio de Judá.
Dios había dado la opción a este pueblo en tiempos de Moisés, mucho antes de que se dividiesen en dos naciones. Léase Levítico 26:
"No haréis para vosotros ídolos, ni escultura... para inclinaros a ella; porque yo soy el Eterno vuestro Dios. Guardad mis días de reposo, y tened en reverencia mi santuario. Yo el Eterno" (versículos 1-2).
Al dar las siguientes promesas en caso de que obedecieran, y citar los castigos para la rebeldía, esta profecía clave sólo hace mención de los dos mandamientos: contra la idolatría y contra el quebrantamiento del día sábado.
Nótese la importancia que tienen éstos:
"Si anduviereis en mis decretos y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra..." Dios prometió riquezas y producción nacional en abundancia, y un dominio nacional que habría llevado al dominio mundial (versículos 3-13).
Mas dijo Dios (versículos 14-33) que si rehusaban obedecer aquellos mandamientos, serían víctimas de enfermedades, perderían toda prosperidad durante 2.520 años, serían invadidos, conquistados y expulsados de su tierra y llevados como esclavos a las tierras enemigas.
Ahora bien, recordemos que Dios estableció con ellos un pacto especial, de vigencia perpetua, respecto al día sábado (Éxodo 31.12-17). El sábado se estableció como señal nacional que los identificaría como el pueblo de Dios.
Cuando sobrevino la división y se establecieron dos naciones, y el reino o casa de Israel proclamó rey a Jeroboam, lo primero que éste hizo fue introducir la idolatría y el quebrantamiento del sábado. Cambió las fiestas del séptimo mes al octavo mes, y el día sábado del séptimo al día siguiente, el primer día de la semana, que era observado por los paganos (domingo).
Tal como Dios había advertido, lo anterior trajo como resultado la invasión nacional por el rey Salmanasar de Asiria, la derrota, el cautiverio y la esclavitud en dicho país. 721-718 a.C.
Ahora veamos qué dijo Dios al respecto a través del profeta Ezequiel.
Ezequiel recibió un mensaje de Dios para la casa de Israel (no la casa de Judá). Ezequiel se contaba entre los judíos cautivos, más de cien años después del cautiverio de Israel.
Se comisionó al profeta Ezequiel para que se "fuera" de donde estaba, entre los judíos, a la casa de Israel:
"...Ve y habla a la casa de Israel", dijo Dios (Ezequiel 3.1).
Pero Ezequiel jamás llevó aquel mensaje a la casa perdida de Israel pues era esclavo y no podía hacerlo.
No obstante, ¡se lo está llevando hoy, por medio de la palabra escrita que aparece en su libro, en la Biblia, y por el hecho de que está siendo llevado a esa misma gente hoy a través de la revista La Pura Verdad y el programa de radiofónico El Mundo de Mañana!
¡Se trata de una profecía! ¡De un mensaje para la casa de Israel hoy!

Profecía para nuestros días, ¡para hoy!

Hablando primero de la antigua Israel, Dios dice en Ezequiel 20:
"Los saqué de la tierra de Egipto, y los traje al desierto, y les di mis estatutos, y les hice conocer mis decretos, por los cuales el hombre que los cumpliere vivirá. Y les di también mis días de reposo, para que fuesen por señal entre mí y ellos, para que supiesen que yo soy el Eterno que los santifico" (versículos 10-12).
Nótense las palabras exactas del pacto del día sábado, que aparece en Éxodo 31.12-17. Pero continuemos con Ezequiel 20, versículo 13:
"Mas se rebeló contra mí la casa de Israel en el desierto; no anduvieron en mis estatutos, y desecharon mis decretos... y mis días de reposo profanaron en gran manera" (versículo 13).
Luego Dios exhortó a sus hijos, una generación más tarde:
"...antes dije en el desierto a sus hijos: No andéis en los estatutos de vuestros padres, ni guardéis sus leyes, ni os contaminéis con sus ídolos. Yo soy el Eterno vuestro Dios; andad en mis estatutos, y guardad mis preceptos, y ponedlos por obra; y santificad mis días de reposo, y sean por señal entre mí y vosotros, para que sepáis que yo soy el Eterno vuestro Dios" (versículos 18-20).
¡Nótelo bien!
Todo énfasis aquí es entre las ordenanzas, los preceptos y los sábados de Dios por una parte, y los sábados, las ordenanzas y los preceptos de sus padres, que eran diferentes.
¡Estaban observando un día distinto del día sábado de Dios! Ya habían adoptado el día pagano, que hoy llamamos domingo... ¡el día del culto al Sol!
Prosiguió Dios a través del profeta Ezequiel: "Mas los hijos se rebelaron contra mí; ...profanaron mis días de reposo" (versículo 21).
¿Qué hizo, pues, Dios generaciones más tarde?
Los dispersó en el cautiverio y la esclavitud nacionales (versículo 23).
¿Por qué?
"Porque no pusieron por obra mis decretos, sino que desecharon mis estatutos y profanaron mis días de reposo, y tras los ídolos de sus padres se les fueron los ojos" (versículo 24).
¡Éste fue el motivo! ¿Tenía ello alguna importancia?
Ahora bien, continuemos analizando esta asombrosa profecía. Tomemos nota de cómo se aplica a nuestros días.
Hablando de una época, quizá de esta década o la venidera, en nuestros tiempos, Dios dice:
"Vivo yo, dice el Eterno, que con mano fuerte y brazo extendido, y enojo derramado, he de reinar sobre vosotros" (versículo 33).
La expresión "enojo derramado" se refiere a las siete últimas plagas, en el tiempo mismo de la segunda venida de Cristo (compare Apocalipsis 16.1). El tiempo en que Cristo reinará sobre la moderna Israel así como sobre todas las naciones es durante y después de su segunda venida. Trátase, pues, ¡de una profecía para nuestros tiempos!
Todas las profecías bíblicas que hablan de dónde estará el pueblo de Israel a la segunda venida de Cristo, y del gran éxodo a la Tierra Santa nuevamente, lo muestran en el cautiverio y la esclavitud otra vez.
Continúa la profecía: "y os sacaré de entre los pueblos, y os reuniré de las tierras en que estáis esparcidos, con... enojo derramado; y os traeré al desierto de los pueblos [próximo éxodo, Jeremías 23.7-8], y allí litigaré con vosotros cara a cara (Ezequiel 20.34-35).
¡Nótese bien! Es el Verbo quien habla... ¡Cristo! Él estará nuevamente sobre la Tierra, en persona, y litigará con la casa de Israel, cara a cara.
¡Ya es hora de abrir los ojos ante la inminencia y la fría seriedad de estos hechos!
Ahora bien, es cierto que ahora usted está escuchando la advertencia de tan sólo una voz solitaria... pero Dios se valió de sólo una voz solitaria para advertir al mundo en tiempos de Noé; una voz solitaria en tiempos de Elías; una voz solitaria en tiempos de Juan el Bautista, y una vez encarcelado éste, ¡la persona de Cristo mismo!
Quien se atenga a la mayoría de la humanidad pecadora sufrirá el castigo con ella.
Nótese en qué forma litigará Dios con la casa de Israel - y con la humanidad en general.
"Como litigué con vuestros padres en el desierto de la tierra de Egipto, así litigaré con vosotros, dice el Eterno, el Señor... y apartaré de entre vosotros a los rebeldes, y a los que se rebelaron contra mí... y sabréis que yo soy el Eterno" (versículos 36-38).
¿En qué forma litigó con ellos? Él los exhortó: "Santificad mis días de reposo y no los de vuestros padres, para que sepáis que yo soy el Eterno".
¿Y cómo sabremos que Él es el Señor?
¡Por su señal del día sábado!
¡Lea los versículos 42-44 en su propia Biblia! Dice que cuando Israel deponga su rebeldía, cuando guarde el sábado del Eterno, ¡entonces recordará los caminos en que se contaminó y se aborrecerá a sí misma por haber quebrantado el día verdadero de reposo - el sábado del Eterno! ¡Éstas son enseñanzas firmes! ¡Es la palabra de Dios que le habla a usted!

Capítulo Séptimo

El Sábado en el Nuevo Testamento

¿Cuál era el día guardado por Cristo y los apóstoles? ¿Qué día debían guardar los gentiles según les enseñó Pablo? ¿Cómo fue modificado el día de reposo, del séptimo al primer día de la semana?
En las siguientes páginas exponemos una reseña breve y concisa de otro aspecto de este asunto multifacético.
Estos tres hechos son evidentes por sí mismos:
(1) El domingo es el primer día de la semana. Ello consta en cualquier calendario, diccionario o enciclopedia. ¿Es, por lo tanto, según autoridad bíblica "el día de reposo cristiano", o "el día del Señor", como se le denomina comúnmente hoy?
(2) Jesús guardaba el sábado (Lucas 4.16). Era su costumbre. El día que Él observaba era el mismo día de la semana que observaban los judíos, pues el ministro y la congregación se hallaban todos en la sinagoga (versículo 20), y los fariseos reprochaban continuamente a Jesús por sanar en el sábado.
(3) El sábado que guardaba Jesús era el séptimo día de la semana. Tres días después de su crucifixión, este sábado aún era el día anterior al primer día de la semana (Mateo 28.1). Por lo tanto, no era simplemente cualquier día de la semana. Vea también Lucas 23.56 y 24.1.
Pero, ¿fue modificado aquel día posteriormente por Cristo o sus apóstoles de manera que el domingo, primer día de la semana, sea ahora el día de reposo del Nuevo Testamento?
¿Nos indica el Nuevo Testamento en algún lugar que el domingo constituye el verdadero "día del Señor" y manda a los cristianos a guardarlo?
¡Veamos!
Domingo en el Nuevo Testamento

Este cambio no podría realizarse; un día diferente, el primer día de la semana, no podría establecerse por la autoridad bíblica del Nuevo Testamento sino por medio de algún texto o textos que emplearan la frase "el primer día de la semana" o la palabra "domingo".
La palabra "domingo" no aparece en ningún lugar de la Biblia.
Pero la frase "el primer día de la semana" sí aparece en el Nuevo Testamento; figura exactamente en ocho pasajes. Así pues, podemos examinar rápidamente los ocho textos donde aparece.
Si el día fue cambiado por la autoridad de la Biblia; si los cristianos han de encontrar alguna autoridad bíblica para guardar hoy el domingo como el "día del Señor", entonces ¡debemos encontrar dicha autoridad en alguno de estos ocho textos o pasajes!
Reconozcamos desde el principio que no puede haber autoridad bíblica para la observancia del domingo a menos que quede clara y abiertamente establecida en alguno de estos ocho pasajes del Nuevo Testamento, por cuanto el séptimo día de la semana se establece claramente como el sábado bíblico hasta el momento de la crucifixión.
Analicemos, pues, estos textos con cuidado y honradez, con nuestras mentes libres de todo prejuicio, y con una actitud humilde y reverente oración.

El día después del sábado

(1) Mateo 28.1: (Versión Moderna): "Después del sábado, cuando iba amaneciendo el primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro". Éste es el primer pasaje en la Biblia en donde se menciona "el primer día de la semana". Mateo escribió estas palabras bajo la inspiración del Espíritu Santo, seis años después de la fundación de la Iglesia del Nuevo Testamento. El texto dice después del sábado, amanecía hacia el primer día de la semana. Debemos admitir, pues, que según esta escritura, tres días y tres noches después de que todo lo abolido había sido firmemente clavado en la cruz, el día reposo era aún el día anterior al primer día de la semana, - aún el séptimo día.
Aquí se comprueba claramente un punto. Hay quienes dicen que el mandato de guardar el sábado o reposo se refería sencillamente a "un día de entre siete", el cual no había de ser necesariamente el séptimo día de la semana, sino solamente la séptima parte del tiempo. Afírmase que siendo el domingo un día de los siete, éste cumple el mandato. Mas tenemos aquí un pasaje del Nuevo Testamento, inspirado por el Espíritu Santo seis años después de la fundación de la Iglesia del Nuevo Testamento, donde se establece claramente que tres días después de que hubiera desaparecido todo lo abolido, aún existía el sábado y el mismo correspondía al séptimo día de la semana, el día anterior al primer día de la semana. Esto, al menos, ha sido comprobado y así deben considerarlo quienes busquen y acepten honradamente la autoridad de la Biblia. Mas, ¿fue cambiado el día posteriormente?
(2) Marcos 16.2 "Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, ya salido el sol". Ésta es simplemente la versión de Marcos de la visita a la tumba al amanecer. Fue escrita diez años después de la crucifixión. Este primer día de la semana fue también "cuando pasó el día de reposo", de acuerdo con el versículo 1. Así pues, este texto prueba lo mismo que el anterior: que el primer día de la semana (tres días después de la crucifixión) no era entonces el sábado, sino el día después del sábado. Por lo tanto, el sábado era aún el séptimo día de la semana.

Un día de trabajo común y corriente

(3) Marcos 16.9: "Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios". Este texto habla de la aparición de Jesús a María Magdalena más tarde el mismo día, el día después del sábado.
En ningún momento se dice aquí que el primer día de la semana sea el sábado o día de reposo cristiano. En ninguna parte se le llama "el día del Señor". Nada aquí santifica el domingo ni dice que Dios lo haya hecho sagrado. No hay nada que lo establezca como día conmemorativo de la resurrección ni de algún otro propósito. No hay mandato ni ejemplo de descanso en este día, ni autoridad para guardar el domingo.
(4) Lucas 24.1: "El primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las especias aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas".
Este texto relata el mismo acontecimiento descrito por Mateo y Marcos, y demuestra que el primer día de la semana, estas mujeres vinieron a realizar una labor propia de un día cualquiera de la semana, después de haber descansado el sábado "conforme al mandamiento". Pues leemos en el versículo inmediatamente anterior a este: "Y vueltas, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el día de reposo, conforme al mandamiento" (Lucas 23.56). ¿Diremos que estas mujeres ignoraban aún que el mandamiento había sido abolido? No es posible, ya que la afirmación no fue hecha por las mujeres sino inspirada por el Espíritu Santo, que sí sabía que el mandamiento no había sido abolido. ¡Y fue escrita aproximadamente 30 años después de establecida la Iglesia del Nuevo Testamento! Entonces, el Espíritu Santo inspiró la afirmación directa de que el "descanso" de dichas mujeres en el día sábado era de acuerdo con el mandamiento, afirmación que no sería posible si éste hubiera sido abolido.
Por lo tanto, este texto establece el domingo como un día de trabajo común y corriente, y establece además que hasta aquel momento el mandato de guardar el sábado no se había abolido.
(5) Juan 20.1: "El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro".
Esta es sencillamente la versión de Juan, escrita 63 años después de la crucifixión, en la que describe la misma visita a la tumba. Confirma los hechos anotados anteriormente.

¿Se conmemoro la resurrección?

(6) Juan 20.19: "Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros".
Examinemos este pasaje cuidadosamente, pues hay quienes sostienen que se trataba de un servicio religioso convocado con el propósito de conmemorar la resurrección. Pero nótese que éste es el mismo primer día de la semana que seguía al día sábado. Fue la primera oportunidad de Jesús para aparecer ante sus discípulos. Durante tres años y medio había permanecido con ellos constantemente todos los días de la semana. Su encuentro con ellos, en sí no podría establecer ningún día como el día de reposo.
¿Se habían reunido para conmemorar la resurrección, estableciendo así el domingo como el día de reposo de los cristianos, en honor a la resurrección? El texto dice que se habían reunido "por miedo de los judíos". Los judíos habían crucificado a su Maestro. Tenían miedo. Por eso estaban cerradas las puertas, seguramente con cadenas. ¿Por qué estaban reunidos?: "Por miedo de los judíos", según el texto, y también porque moraban todos en aquel aposento alto (Hechos 1.13). No podían haberse congregado para celebrar la resurrección puesto que no creían que Jesús hubiera resucitado (Marcos 16.14; Lucas 24.37, 39, 41). En ningún lugar del texto se denomina este día el "sábado o día de reposo", ni el "día del Señor", ni con título sagrado alguno. No hay nada que lo separe, que lo haga sagrado. ¡Aquí no existe autoridad para cambiar un mandato de Dios!

La cena del Señor

(7) Hechos 20.7-8: "E primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche. Y había muchas lámparas en el aposento alto donde estaban reunidos".
Al fin hemos descubierto una reunión religiosa en el primer día de la semana. ¡Pero no era una reunión dominical!
¡Nótese que Pablo alargó su discurso hasta la medianoche! "Y había muchas lámparas en el aposento alto donde estaban reunidos". Era después de la puesta del Sol, antes de la medianoche, el primer día de la semana. Ahora bien, en aquella época el primer día de la semana no comenzaba a la medianoche como ahora, sino a la puesta del Sol, momento en el cual el séptimo día tocaba a su fin. Todos los días bíblicos empiezan y terminan con la puesta del Sol. En todo el mundo romano de aquel entonces y durante algunos siglos después, los días empezaban y terminaban al anochecer. La costumbre de comenzar el nuevo día a la medianoche comenzó muchísimo más tarde. Por lo tanto, esta reunión y el sermón de Pablo se realizaron en las horas que ahora llamamos la noche del sábado. ¡No fue en modo alguno una reunión dominical!

Por qué Pablo se quedó atrás

Ahora sigamos el hilo de la narración relatada en este pasaje. Empezando con el versículo 6:
"Y nosotros, pasados los días de los panes sin levadura, navegamos de Filipos, y en cinco días nos reunimos con ellos en Troas, donde nos quedamos siete días. El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche".
Pablo y sus compañeros habían estado en la población de Troas siete días. Estos últimos habían partido por barco después del anochecer, y él se quedó atrás para una reunión de despedida. Predicó hasta la medianoche, "habiendo de salir al día siguiente". Al amanecer del domingo Pablo partió (versículo 11).
Ahora veamos lo que habían hecho sus compañeros: "Nosotros, adelantándonos a embarcarnos, navegamos a Asón para recoger allí a Pablo, ya que así lo había determinado, queriendo él ir por tierra. Cuando se reunió con nosotros en Asón, tomándole a bordo, vinimos a Mitilene" (versículos 13-14).
Veámoslo en el mapa. Los compañeros de Pablo tuvieron que navegar alrededor de la península (distancia de más de 95 kilómetros), mientras que él, Pablo, viajó 31 kilómetros por tierra. Pudo hacerlo en menos tiempo del que ellos demoraron navegando, lo cual le dio la oportunidad de quedarse atrás para este último serm6n y visita de despedida, después de que ellos hubieron partido.
¿Está claro ahora lo que realmente sucedió? Los compañeros de Pablo estaban ocupados en la labor de remar y navegar una lancha mientras él predicaba aquel sábado hasta la medianoche, ya el primer día de la semana. Habían emprendido el viaje el sábado por la noche, una vez terminado el día de reposo, luego de la puesta del Sol. Pablo se quedó atrás para el último sermón de despedida. Luego, al amanecer del domingo, ¡emprendió el trabajo de viajar por tierra 31 kilómetros desde Troas hasta Asón! Esperó hasta que hubiera terminado el día sábado para emprender esta larga caminata que significó una dura jornada de trabajo. ¡Lo hizo el primer día de la semana! ¡Un día de trabajo común y corriente!

Lo que significa "partir el pan"

Pero, ¿dice este texto, como lo sostienen muchos, que los discípulos celebraban la comunión todos los primeros días de la semana? ¡De ninguna manera!
En primer lugar, no habla de cosa alguna que se repitiera el primer día de todas las semanas. Sólo relata los hechos sucedidos este primer día en particular. No habla de costumbres, sino de los hechos acaecidos cuando Pablo y sus compañeros concluyeron una visita de siete días a esta población.
Jesús había introducido la "Cena del Señor" como parte de la Pascua al comenzar los "días de panes sin levadura" de cada año. Ya no había necesidad de sacrificar corderos ni de comer la carne asada de los corderos pascuales, después de que Cristo, nuestra Pascua, se había sacrificado por nosotros. Sin embargo, la Pascua fue ordenada para siempre (Éxodo 12.24). En su última cena de la Pascua, Jesús impuso el vino como emblema de su sangre, en vez de la sangre de un cordero sacrificado. Estableció el pan sin levadura como sustituto para la carne asada del cordero como símbolo de su cuerpo, quebrantado (partido) por nosotros. Los discípulos siguieron observando anualmente la Pascua, ahora bajo la forma de la "Cena del Señor", utilizando el pan y el vino como memorial (1 Corintios 11.24) de la muerte de Cristo (1 C